Cecilio Rodrigo

A, B y C

Tres amigos: A, B y C se juntan para pasar la mañana charlando.

–A: ¿Qué vais a llevar, un texto escrito por vosotros o uno elegido de alguna publicación? Yo llevaré sólo cuatro renglones de Nassim Haramein, los leí en una entrevista, estos:

«Llamas “yo” a un conjunto de 37 billones de células... que se regeneran en millones por segundo. Y cada una sabe dónde y para qué. ¡Y cada célula implica en ella a cien billones de átomos!»

Los tres amigos se han inscrito en un curso que empieza en setiembre, un curso sobre:”Lecto-escritura”. Cada participante tiene que llevar o bien un texto escrito por él mismo o bien un texto cosechado en alguna publicación.

–B: Yo tengo un texto que aún no he escrito. Ya sé el título y tengo unas tres o cuatro ideas aún sueltas.

–C: Si nos lo cuentas todo ahora mucho mejor.

–B: El título es: “¿De cómo matar más barato?” Y las cuatro ideas son:

Si para matar barato tienes que comprar las bombas, las balas y los misiles al amigo de ultramar te sale todo muy caro. El precio es muy caro, el transporte, el pago de los expertos que nos adiestran es muy caro. Además, hay que tener en cuenta algo que no se dice; pero que sí se sabe: y es que nuestros propios soldados, en un número considerable pero muy secreto, utilizan las armas para suicidarse.

Otra forma de matar sería la de las cámaras de gas, como, por ejemplo, las de Treblinka. Pero habría muchos gastos, habría que construir las cámaras de gas y los hornos crematorios, comprar el gas letal, buscar, detener transportar, envenenar, quemar los cadáveres y limpiar los restos de las víctimas. Muy caro.

Otra forma de matar que estamos considerando es la de un virus con inteligencia selectiva. Un virus que sea capaz de matar solo a los palestinos. Pero este sistema nos podría crear problemas, la investigación es muy cara, muy cara, y, por otra parte, un error en la configuración del virus sería un desastre.

La forma más barata que hemos encontrado es la de matar por hambre. Tiene muchas ventajas: no gastas balas, ni misiles, ni tanques, no se te suicidan tus propios soldados, y los últimos sobrevivientes, los más robustos, se encargan ellos mismos de enterrar a sus muertos: para nosotros un engorro menos. Creo que matar por hambre es el método más barato. Solo hay que sitiarles e impedir la llegada de ayuda alimenticia.

-¿Y tú, C, qué vas llevar?

-Este texto: La democracia de: “el tonto del bote”

-¿Y qué es eso?

Es la que tenemos tú, tú y yo ahora. Os leo:

Cada cuatro años la misma canción: «Mire usted, elija la papeleta de su candidato o candidata, acérquese a la mesa de votaciones con la papeleta metida en un sobre, introdúzcalo en esta urna, en este bote».

-¿Y después?

-Después, ¡olvídese de todo y déjenos en paz! Después, puede olvidar las promesas que ha oído durante toda la campaña electoral, después espere inane durante otros cuatro años. ¡Por favor! ¡Séanos dócil! ¡Vea la tele! Espere, no nos moleste, no haga ni diga nada que nos distraiga hasta que vuelva otra vez a ser usted mismo el gran protagonista en la ceremonia de gala, en el acto principal de nuestra democracia: la ceremonia de meter un papelito en el bote.

Ez adiorik!

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