A tiempo de futuro
El materialismo y la superficialidad nos están atontando. Por otra parte, en esta economía de mercado neoliberal dónde nos movemos, de cada vez menores y precarias oportunidades laborales, muchos parecen navegar sin timonel, aferrados a cualquier trabajo que les permita subsistir en este esquema consumista, cebado en exceso, donde hemos cedido demasiado las riendas y somos fáciles de guiar, incluso a cualquier precipicio.
Hablamos de producción y consumo responsables, pero en el contexto en que nos movemos son estas meras palabras. Incluso la solidaridad ha perdido valor, aquel que tenía cuando éramos más humildes y tiernos. La avaricia consumista no solo ha secado nuestros corazones, sino que, incluso, ha llegado a bloquear el motor mismo de la macro-economía. Esa que ya ha tocado techo y que lleva a cada vez más personas a la dependencia y pobreza.
Alguno me tachará de derrotista, pero yo le animo a mirar al futuro a la cara, y decirme qué ve, pues en este panorama de ultratecnificación yo solo veo desesperación y ruina para el global de la especie. Porque estamos cada vez más automatizados, tenemos las cosas más fáciles, sí, pero cada día somos menos afables, próximos.
Procurando evitar las broncas políticas al uso, entiendo que los ámbitos de decisión próximos tienen la palabra. Ya estamos tardando pues en activarnos, en deponer egos y provocar el cambio. Que las máquinas, mal usadas, no pisen nuestro brillante futuro.