Ana Martínez de Iturrate | Miranda de Ebro

Alardes

No son muchos los motivos de orgullo que puedo tener de mi pueblo, tan dado a lo lúdico y futbolero como parco en reivindicaciones más serias.

Desde hace muchos años, por estas fechas me reconcilio con él. Con la actualidad de los alardes de Irún y Hondarribia, me vienen a la memoria aquellos grises tiempos de dictadura en los cuales las fiestas más populares eran coto de hombres y niños, excluídas las mujeres como socias de las cuadrillas (a excepción de la reina, por ellos elegida, y de la mujer del socio, que íba de consorte).

Recuerdo, con cierto dolor, que mientras mis padres y hermanos comían y compartían en la caseta de la cuadrilla, mi hermana y yo dábamos cuenta del bocata que mamá nos había preparado en casa, en un ribazo de la laguna. Cómo disfrutaban participando en el desfile ellos y mirando nosotras.

Pero llegaron otros tiempos y aperturas que, si bien no cambiaron las estructuras de poder (ahora vemos con más nitidez que lo que de verdad les importa lo siguen teniendo), airearon un poco el olor a naftalina, «concediendo» derechos a la mujer que habían volado a la par que la República.

Las mujeres empezaban a tener iniciativas: creando cuadrillas y equipos de fútbol de féminas, promocionando las peñas mixtas, etc. no sin la complicidad de hombres y peñas que, rompiendo con la tradición machista, dieron el paso decisivo para que los demás lo dieran después.

Me siento orgullosa de que estos cambios se hicieran con tanta naturalidad. Igual que cuando, casi sin enterarnos, desaparecieron los toros de nuestras fiestas.

No entiendo cómo aún puede alguien pensar que, sólo porque nací mujer, se me pueda negar el derecho a disfrutar de fiestas y alardes en igualdad de condiciones que mis hermanos y amigos. Tampoco a los que dan la razón a unas mientras guardan honores y recibimiento para los otros, sólo por cuestión de votos. Tengo muy claro que año tras año, sólo la izquierda abertzale ha dado ese paso decisivo con vosotras.

Los alardes mixtos (o sea, normales en mi tierra), de Irún y Hondarribia tienen ganada la batalla desde el inicio. Sólo que muchos, y desgraciadamente muchas, aún no lo saben. Luego pasará como con los otros, demócratas de toda la vida.

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