Altsasu, entre la justicia y la esperanza
Para el pueblo de Altsasu y para toda Euskal Herria, el 15 de junio del año 2016 se ha convertido ya en una fecha señalada. En ese día de ferias –mejor, al alba–, en el bar Koxka, que se encuentra en el centro del pueblo, se originó una pelea entre un grupo de jóvenes y dos guardias civiles que estaban con sus parejas e iban vestidos de calle. Como consecuencia del enfrentamiento rechazable por ambas partes uno de los guardias resultó con el tobillo lesionado y varios de los jóvenes fueron encarcelados. El proceso de judicialización seguido ha revestido cambios sustanciales en su decurso, en primer lugar al ser deslocalizado de las instancias navarras y trasladado a las estatales de Madrid y en segundo lugar al ser eleva su tipificación de reyerta a la de terrorismo. A todo ello hay que añadir la petición de penas desmesuradas, llegando en varios casos a los 50 años.
La conmoción social que han provocado estas medidas en Altsasu, en la zona y en toda Euskal Herria se han traducido en el posicionamiento del Ayuntamiento de la localidad, el de todos los ayuntamientos del valle, el del Parlamento y del propio Gobierno de Navarra que se han posicionado en contra del traslado de sede y contra la calificación de los hechos como terrorismo. Estos posicionamientos han sido corroborados por multitud de organizaciones políticas, sociales y culturales, en documentos y manifestaciones que se han ido desarrollando sin cesar y cuyo hito mayor va a ser la próxima manifestación que se va a celebrar en Iruñea-Pamplona, el próximo 14 de este mes, con salida a las cinco de la tarde desde los cines Golem.
Desde Navarra, en nuestra condición de hijos de esta Amalurra y como sacerdotes y seguidores de Jesús de Nazaret en las responsabilidades pastorales de la Iglesia en Navarra y en toda Euskal Herria, asumimos como nuestros y secundamos los análisis y los compromisos formulados por las mencionadas organizaciones locales. Nos sentimos solidarios con todos los que sufren por causa de estos hechos y la situación creada en pueblos, familias e individuos. Queremos comunicar a todos nuestra convicción irreductible de que todo y solo así se puede construir algo sobre la verdad, la justicia y los derechos humanos en un juicio con todas las garantías procesales que corresponden a un Estado de Derecho. Queremos a los jóvenes juzgados pronto en sus casas, en sus pueblos, y en sus centros de formación. No se trata de destruir –menos sus jóvenes vidas–. Se trata de construir una nueva sociedad, convirtiendo todo germen de violencia en semilla de justicia y de bondad. Para eso, unimos nuestras voces a las de aquellos que cantan esperanzados: “hator, hator, mutil etxera”.