Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Anomia global

A veces la palabra piensa. El excelente reportaje de Daniel Galvalizi respecto a las ansias incontrolables de una parte de los argentinos en desentenderse de donde han nacido confirma que los humanos reaccionan por imágenes esperpénticas de la realidad, ya que la imagen no necesita un saber.

Creen, como en cualquier religión, que el futuro: propicia que los asuntos propios prosperen, los amigos sean leales y la propia felicidad esté asegurada. Vamos, el equivalente al desarrollo y al progreso.

Una pareja que se confiesan votantes de Macri, liberal hasta la delincuencia –que fue presidente de un equipo de fútbol, con una historia mafiosa llena de orgullo para los tontos que se entretienen mirándose el dedo– sueltan un tópico como: «siempre nos gustó viajar y eso te abre la mente».

Lo único que reafirma una ruta turística, es confirmar los estereotipos que uno lleva encima. Sólo hay que leer a uno de los mejores antropólogos de todos los tiempos, Malinowski, en su "Diario de campo", donde desprecia a los habitantes que está analizando por Melanesia.

Lo más absurdo de esta pareja es que su gran imaginación consiste en cerrar un restaurante que funciona por otro que no funcionará cerca de la patria irredenta de Gibraltar. No se enteran que Europa va a la deriva, y que en el Estado español los sables se están afilando. Claro que su ideología consiste en esto. Así que sean bien venidos para incrementar las papeletas de la ultraderecha.

Otro caso que es votante del presidente actual, publicista de profesión, cree en sus propias mentiras. Se queja de los elevados impuestos que hay que pagar y que cuesta encontrar empleados, ya que es carísimo, (qué tópico más tronado). Busca el paraíso que han hecho los demás y a vivir que son dos días.

Son ejemplos de la globalización más perniciosa que destruye comunidad, ya que la anomia social, se fomenta para beneficio de los fondos de inversión. Una secretaria confiesa que vive bien, pero que no le garantizan el futuro en las dos próximas generaciones por la imprevisibilidad del dinero que varía de un día a otro. Cree que en Europa, y en el Estado español, los jóvenes adultosviven mejor que sus padres. Totalmente incierto. Afirma que en Argentina, no se puede planificar el futuro.

Desconoce que el organizar el futuro es preocuparse por el mejor método de conseguir un resultado casual. Sería interesante indagar cómo llegan a estas conclusiones tan disparatadas.  

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