Caso Palau
Descubrir que los partidos políticos se financiaban balanceándose en la legalidad, era conocido por todos como ocultado, ya que las propinas eran abundantes como las prebendas, que alcanzaba a todos los ámbitos. En Europa ella tan inmaculada también circuló por este tránsito ¿y no sigue pasando, ahora? El cortafuego no es otro que las grandes empresas, que siguen pagando por todo el planeta a la búsqueda de nuevos contratos. Es curioso que el corruptor, o sea el que paga no le pase nada. Lo más interesante de la sentencia del caso Palau, son las voces de los puristas más excelsos, exigiendo la autodestrucción del partido político, echándose ellos mismos a la hoguera para desaparecer de la faz de la tierra, si siguen en el camino de la libertad no vigilada. Los mismos que ponen en el altar una transición modélica, en que se desarrolló una política de alto voltaje, y no la del independentismo enfermo mental, que pretende superar a un sistema sin futuro para la mayoría de humanos. No hiciesen las mismas exigencias al franquismo y a todos sus cómplices, la lista sería tan larga que no merece la pena de poner ningún nombre, como todos los que juraron los principios fundamentales del movimiento. Estos medios de comunicación como los partidos políticos monárquicos que son todos menos los independentistas, intentan como las aves carroñeras vivir de la putrefacción del sedicioso. La señora Colau, que no se preocupe tanto de los tontos, ya que su apoyo a la monarquía, no engaña a nadie. Afortunadamente la política del independentismo marcará la agenda del presente y del futuro.
Atentamente,
Enric Vivanco Fontquerni