Enric Vivanco Fontquerni

Ciudad de Barcelona

Uno de los impactos más negativos que ofrece la ciudad de Barcelona cuando se regresa de un viaje de otro Estado, es la cantidad de suciedad de restos orgánicos y de orines, por las aceras, rincones a lo largo de las calles, plazas, y jardines, por parte de las mascotas. Un consistorio incapaz de poner en práctica la propia normativa existente, por gandulería, ineficacia y desidia generalizada, que en cambio el municipio de Martorell, ha resuelto aplicando los bandos municipales. No es pedir que los alquileres estén en función de las rentas de las familias, no es pedir que el aire que se respira sea sano, no es pedir que para poder conversar en la calle no se tenga que hacer a grito pelado, no es pedir que no se tenga que estar sorteando constantemente terrazas para no tropezar, no es pedir que no se aumente el precio de los billetes del transporte público, para incentivar su uso y librarnos de la pandemia del vehículo privado, no es pedir el mal olor de las alcantarillas, no es pedir que una ciudad invadida se trasforme en amable, educada y con una proporción de forasteros equilibrada con los que pagan los impuestos, no es pedir que se deje de estafar a los que pagan los billetes del trasporte público, e impedir a los que con toda impunidad no lo hacen, en fin la lista es interminable de agravios que los ciudadanos han de soportar, el problema es que no se ve en el horizonte la más mínima capacidad de reacción, ni por parte de los pijos liberales, ni de los revolucionarios de pacotilla, ni de los fumadores compulsivos de cualquier herbajo, ni de las asociaciones de vecinos trufadas de oportunistas de cuatro migajas. Así pues, el futuro es esplendoroso.

Atentamente,

Enric Vivanco Fontquerni

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