Gerardo Hernández Zorroza

Con luz propia

Reza el proverbio popular: «cuando todo se vuelve oscuro, aparecen las estrellas».

Cuando no queda nada a qué aferrarse y se desvanece la luz artificial de nuestro «ego» (lo que creemos que «somos», y no somos), surge la luz de la cons-ciencia.

Una luz distinta, limpia y espontánea, que surge del auténtico sí mismo, sin los condicionamientos que ocultan nuestra esencia.

Todo resulta perfecto cuando miramos y trabajamos desde ahí. Una mirada radicalmente distinta esta, que no pretende sacar ventaja, ni mentir ni acumular groseramente; que tampoco se aprovecha de aquellos símbolos, falsarios, que comprendemos están inscritos en el subconsciente colectivo no para liberarnos, sino para someternos a menudo a la inconsciencia dirigente.

Solo desde una mirada limpia, que se desprende de condicionamientos, es posible la cohesión social, la verdad que realmente nos une.

La máxima consumista de «necesito mucho, y lo que necesito lo necesito además mucho» precisaría un cambio, y radical. Francisco de Asís solía decir: «necesito poco, y lo que necesito lo necesito poco». Y entre esas cosas, vería yo la quietud, imprescindible hoy en día para concretar las cosas sin volvernos todos locos.

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