Angel Larrea | Asociación Vecinal San Jorge

¿El alcalde te escucha.... o simplemente te oye?

La diferencia entre escuchar y oír parece no conocerla este alcalde que se ha paseado por los barrios de Iruñea con un resultado que más parece una campaña de imagen que un deseo de enterarse y mejorar la ciudad.

Escuchar supone una intencionalidad, un esfuerzo, poner otros sentidos, además del de la audición, para tratar de sintonizar con lo que otros dicen. Oír es algo mecánico, .... como sin querer.

A esta conclusión hemos llegado en el barrio Sanduzelai, temiéndonos, además, que este ‘mal’, esta sordera, enemiga de la democracia, es contagiosa y ha afectado a su equipo de gobierno.

En marzo del pasado año, la Asociación Vecinal San Jorge–Sanduzelai presentó un extenso informe con 20 propuestas de mejora del barrio, tras lo cual mantuvimos una reunión en la que el Alcalde se comprometió a contestarnos sobre algunas de las mejoras que proponíamos. En octubre, esta vez por escrito, volvimos a recordárselo. Ha pasado un año y aun estamos esperando, y mientras tanto seguimos teniendo un puente peatonal con una solera donde se ven las armaduras del hormigón, un paseo peatonal muy utilizado por personas mayores y niños, pero sin más ‘urinario’ que las columnas, un parque fluvial hermoso que requiere de un espacio de esparcimiento canino, para que ni los perros sueltos, ni sus excrementos molesten, etc..

Esta sordera anti-democrática también le ha afectado al Sr. Polo y a su equipo, pues después de reunirnos hace más de tres meses, y volver a recordárselo por escrito hace cinco semanas, aun estamos esperando su contestación a nuestras propuestas, eso sí, convencidos de que oír sí que oyeron cuando les contamos nuestras preocupaciones por el peligro de semáforos en verde para peatones (paso de niños a los colegios), mientras los coches los pasan en intermitente, o la situación de algunos carriles bici que pasan rozando los bancos del paseo Sandua, o el peligro de la parada bus en la Avda. San Jorge a la altura de c/Gortari, ..... y así otro tanto.

Entre los miembros de la Asociación discutimos si será un problema de sordera, o va más allá, y estaremos ante otro problema de ‘déficit democrático’, un trastorno más profundo que el que afecta al sentido del oído. Nos estamos refiriendo exclusivamente a esa parte del cerebro donde se afianzan los valores democráticos y se visualiza la participación ciudadana como un gran valor en las relaciones de la administración con la ciudadanía.

La verdad es que no sabemos cómo ayudarles a mejorar, pues a nosotros nos gustaría tener un ayuntamiento que escuche, que no se olvide de los vecinos y vecinas para las que, se supone, trabaja. De cualquier forma, por si se recuperan de sus déficit, nosotros seguimos esperando.

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