El TTIP y el riau-riau
Hasta los asuntos más distantes pueden tener una relación política. Si usted cree que el Tratado de Libre Comercio en secreta gestación, no afecta en nada a su ciudad, que con la nueva representación municipalista llega con renovadas ilusiones, está muy equivocad@. Auditar la deuda, revertir la privatización de servicios públicos o una ley antidesahucios son propuestas que asustan a los partidos gestores de la crisis (léase estafa) y al poder económico. Tenemos margen, aunque quieren limitarlo cada vez más.
Una de las cadenas que nos pretenden imponer son los TTIP, CETA o TISA para blindar beneficios y privilegios de las grandes empresas, ante el posible meneo del mapa postelectoral. Dicho tratado podría garantizar privatizaciones en servicios básicos como el agua, energía, sanidad, educación, residuos, bienestar social, alcantarillado, servicios de emergencia o venta de viviendas públicas, elementos básicos de un cambio desde abajo.
Pretenden introducir una cláusula por la cual no podrán revocarse las privatizaciones ya comenzadas, como la imposible vuelta atrás de la mujer de Lot en su huída. Quieren que los concejales que deseen remunicipalizar estos servicios se conviertan en estatua de sal. Además los tribunales que diriman estos posibles conflictos no serán dependientes de la justicia ordinaria, sino tribunales creados especialmente para ello, cuya imparcialidad resultará más que dudosa.
Las consecuencias pueden ser gravísimas, pues se ataca la esencia misma de la autonomía municipal. Se perderían empleos, se encarecerían los servicios y empeorarían, y las personas sin recursos quedarían fuera de juego para siempre. La contratación pública de bienes y servicios representa el 16 % del PIB de la UE. Pretenden que el libre comercio esté por encima de los derechos básicos ciudadanos. Mire usted qué partidos han apoyado el TTIP y su secretismo, y obre en consecuencia. El tocino y la velocidad tienen mucho que ver; contemple las carreras de cutos de Arazuri… ¿Se lo vamos a permitir?