En nombre de Dios
Desde que el mundo es mundo, el hombre creado por Dios a su imagen y semejanza nunca se contentó con su papel de subordinado y perpetró un sinfín de barbaridades utilizando el nombre de Dios y contraviniendo uno de sus mandamientos: «no tomarás el nombre de Dios en vano». Y así hasta nuestros días.
Volvamos a la realidad y miremos a nuestro alrededor, nada de lo que nos rodea tiene que ver con Dios ni con ningún ser superior, todo es obra de la necedad humana. Honorables expresidentes, presidentes en activo, reyes y reinas, demostrado queda que todos y cada uno de ellos, no adoran más que a un mismo Dios, llámese dinero. Mientras los pueblos padecen, ellos los que gobiernan, rodeados de lujo y boato, malgastan y dilapidan el enorme potencial y los repartibles recursos de que disponemos. Si nos horrorizan todas y cada una de las acciones que se cometen en nombre de Dios no son menos lacerantes las que cometen los hombres de «comunión diaria» en contra de todos y cada uno de sus semejantes.
Tras esta reflexión solo nos queda que los creyentes pidan a su sumo hacedor que como en una ocasión dijo el Papa Francisco, que jamás acudió a un funeral con camión de mudanza. Dense cuenta pues, los aludidos que no podrán transportar el monto de su rapiña y les pasará lo mismo que a unos ladrones que se comieron las aceitunas pero aquí dejaron los huesos.