Entregadas las firmas en defensa del Naútico
La pasada primavera, tras ver el resultado de la intervención llevada a cabo en El Real Club Náutico, promoví una recogida de firmas que reclamaba la restitución del edificio a su configuración original, como exige la Declaración de Monumento aprobada por el Gobierno Vasco. En ella se defiende la supresión de las intervenciones que «entorpecen la correcta lectura del edificio original de 1929», estableciendo, como intervenciones permitidas, aquellas que busquen «el restablecimiento en su estado original de las partes alteradas», así como la eliminación de elementos «que contrasten negativamente con las características originales» del edificio, mencionando específicamente a las fachadas «en lo relativo a recuperar la composición y tratamiento original de los elementos que la componen». Contradiciendo dichas indicaciones, son muchos los elementos de la reforma acometida que no respetan el proyecto original, al emplear materiales que contrastan radicalmente con los del edificio realizado por Labayen y Aizpurua (el vidrio de los antepechos o la madera que reviste el suelo y construye el innecesario pórtico de acceso a la discoteca), y alterar su configuración volumétrica (como la rejilla que sobresale de la cubierta, los prismas romboidales sobre la terraza, o la las plataformas elevadoras). Todo ello, desvirtúa y altera gravemente la visión de un edificio tan singular, y acrecienta y exagera las diferencias con sus características originales.
Ante la polémica suscitada, únicamente la Diputación de Gipuzkoa respondió declarando, incomprensiblemente, que la obra realizada cumple la normativa. No puede referirse al decreto 288/2000 del Gobierno Vasco, antes mencionado, ya que son tantas y de tal calibre las determinaciones incumplidas, que cualquiera puede darse cuenta de que la reforma llevada a cabo contradice dicha normativa, por lo que nunca debería haber contado con el visto bueno de los organismos de control de la Diputación y del Ayuntamiento. Entre las firmas recogidas y recientemente presentadas ante las instituciones, se pueden leer las de nombres vinculados a la cultura como Javier González de Durana (exdirector del Artium y del Museo Balenciaga) y arquitectos como Iñaki Ábalos (director de Arquitectura de la Universidad de Harvard) o Wessel de Jonge (presidente del Patronato para la Restauración de la Villa Tugendhat). Firmas de relieve que se unen a los de muchos ciudadanos, preocupados por la protección de una de las joyas de nuestro patrimonio, para solicitar a nuestra instituciones que respeten la Declaración del Club Náutico como Monumento, y pongan en marcha los mecanismos necesarios para conseguir su principal objetivo: que este emblema del Movimiento Moderno, una de las joyas arquitectónicas de nuestra ciudad, recupere su configuración original de 1929.