Enric Vivanco Fontquerni

Errores históricos

Los errores históricos siempre se pagan, se ha estado decenios mirando por el otro lado, en Catalunya, respecto a lo que sucedía en Euskal Herria, como algo molesto la represión sin piedad de un Estado inquisitorial, que no tenía problemas para utilizar la dictadura de sus leyes de forma implacable y de manera opaca, las torturas, las detenciones arbitrarias para escarmentar y amenazar, los cierres de medios de comunicación, los presos políticos, y sindicales, las asociaciones en defensa del euskera, prohibiendo partidos políticos, apropiarse de Herriko tabernas en unos juicios esperpénticos, y un sinfín de arbitrariedades inmensas, que la historia explicará. En Catalunya hay gente de buena fe que se sorprende, de la misma forma que en las pocas ocasiones que en las elecciones al Parlamento Europeo se presentaban los apestados, y recogían miles de votos que era la única forma de alertar de las tropelías del Estado, en cambio los mercenarios del micro y del teclado eran incapaces de entender ya que les iba el sueldo. Ya ha llegado al Principat, ¿qué esperaban? esta es la realidad y el resultado de una desidia que está pasando factura. Que sepan de una vez por todas que ni la CEE, ni la comunidad internacional, moverá un dedo mientras no aprecien que se ha ganado, este es el precio que han de pagar las buenas personas y las naciones pacíficas, como se puede comprobar con las declaraciones de un socialista insigne de nombre que avergüenza a la decencia, explicitó que el 1 de octubre no hubo muertos, los socialistas que abrazaron de forma entusiasta la 1GM, enfangándose en las trincheras gaseadas y ensangrentadas con lo mejor de su juventud, siguen conmemorando semejante barbarie como las siguientes en que participaron y siguen participando por todo el planeta ahora mismo. Señora Colau y Señor Coscubiela, en estas situaciones no hay medias tintas, o se está al lado de los pacifistas y de los demócratas, o se coge la mano de los represores, tienen que escoger y la historia los juzgará.

Atentamente,

Enric Vivanco Fontquerni

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