Martxelo Alvarez

Hijo de puta y fusilable

Hoy como en 1936 «cada vez que dicen Patria pienso en el Pueblo y me pongo a temblar» que cantaba el recordado Carlos Cano. Hoy yo, como tantos hijos de puta de esos fusilables –!26 millones nada menos, ahí es nada!– estoy esperando la rápida actuación de la Fiscalía militar, la actuación de la Justicia por humillación a las víctimas, el eficaz e impecable funcionamiento de ese "Estado de derecho" y "democracia" que dicen que tenemos por delito de odio, apología del fascismo y del golpismo...

Pero, hoy, yo también, como tantos hijos de puta de esos fusilables –¡y a mucha honra!– también espero que al menos a una buena parte de ellos entendamos mucho mejor porqué el Estado español sigue siendo lo que es y como es, porqué en el Estado español pudo haber una "Operación galaxia", un 23-F y pueden salir cada cierto tiempo militares de toda graduación, generales incluso, a ensalzar golpes de estado y dictaduras como la fasciofranquista, a prometernos a muchas, muchísimas personas, las mismas cunetas y paredones que hace ochenta años dieron a nuestros abuelos... Espero que entendamos esto y que, en consecuencia, tengamos muy claro que, como me repetía una y otra vez mi Tía María, que bien lo sabía por dolor en propia casa y en carne propia, «son los de siempre y siguen estando ahí». Los mismos fascistas. Los mismos criminales. Los mismos chivatos, denunciantes, aplaudidores. La misma mala gente que camina. A veces, muchas veces, incluso hasta los mismos apellidos.

Espero que entendamos que hoy como ayer esa es su ideología por más agazapada que a veces esté, la de la imposición por cojones y por pistola, por comisaría y cuartelillo, la del exterminio del crítico y el disidente, la que «desprecia cuanto ignora» como escribió un Machado señalado por ello para morir en el exilio, la de la ignorancia bruta, autocomplaciente y soberbia, la del ¡Viva la Muerte!, la del «hábleme en cristiano» y el «Una, Grande, Libre».

Y desde este hoy que parte de un ayer y va hacia su mañana espero que entendamos el porqué y la necesidad de nuestra Memoria, de la Memoria de los nuestros. Que entendamos porqué debemos reivindicarla y gritarla sin complejos. Que entendamos que esa Memoria nunca ha sido ni es apología ni del terrorismo ni de la violencia ciega o gratuita, sino apología de la resistencia antifascista. Que entendamos que también hoy, aquí y ahora, hay quienes sueñan con que nuevamente se dé la situación de encontrar que nuestro nombre «está ya listo, temblando en un papel / aquel que dice: Abel, Abel, Abel o yo, tú, él», como escribió Blas de Otero.

A mi abuelo, republicano y socialista, una pareja de la Guardia Civil fue a buscarle a casa en las Navidades de 1937 y ya no volvió nunca más. Decían los que le conocieron que era un hombre familiar y cariñoso, buena persona y buen vecino, que le gustaba leer y que era «de ideas avanzadas» tal y como escribieron acusatoriamente los que le señalaron para morir. No se había ido tras la entrada de "los nacionales" pudiendo haberlo hecho ni tampoco opuso resistencia cuando fueron a buscarle.

Yo, llegado el caso, llegada esa ocasión que "los de siempre", "los que siguen estando ahi" que decía mi Tía María siguen añorando activamente, espero, intentaré, no ponérselo tan fácil como mi abuelo y también espero que al igual que yo muchos, muchísimos hijos de puta de esos veintiséis millones, nietos o no de otros abuelos como el mío, hagamos lo mismo y esta vez si que no dejemos de galopar y galopar... hasta enterrarlos en el mar.

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