In memorian
¿Cómo va la salud? Le preguntaba en una de las últimos cruces de correos electrónicos que manteníamos con cierta periodicidad. Su escueta respuesta lo dejaba claro. Aguantamos, luego existimos. Y luego venia su opinión sobre la causa de la consulta.
Genio y figura. Solo cuando sus fuerzas se lo impidieron, dejó de cumplir con sus estricta dedicación militante. Parte de la cual le suponía dedicar mucho tiempo a investigar el mundo capitalista (que es el que vivimos) para mejor comprenderlo y combatirlo. Pues ante todo era, un revolucionario profesional, en el sentido mas leninista de concepto.
La práctica revolucionaria como objeto de vida. Lo cual sin duda le impidió gozar más, de otros aspectos de la misma (importantes, pues formaban parte de formaba de entenderla) y sus manifestaciones mas excelsas: el cultivo de la amistad, la literatura, la música, la naturaleza. Era un gran admirador de Mikel Laboa y sobre todo de la canción Hegoak. El era un ave libre de toda cadena, que volaba allí donde la causa le requería.
Nacido en Mellila (nunca tuve claro si el mote se lo había ganado por su procedencia, o por su admiración por al viejo Marx, a quien sus amigos llamaban Moro) un convencido anticolonialista, también defensor de los derechos de todos los pueblos sometidos al Estado Español (recientemente publicó un encendida alegato en defensa del pueblo catalán a decidir libremente su destino, en lo nacional y en lo social).
Si algo le caracterizaba era su encendido Internacionalismo. Fruto de ello, fue durante años miembro del SU de la IV Internacional, lo cual le exigió constantes desplazamientos por todo el mundo e ingentes esfuerzos militantes.
Recuerdo con especial cariño los mítines y charlas que compartimos en Euskal Herria, en especial el Orereta en 1980. Nos lo recordó en la conferencia que nos dio en Mikelazulo hace un par de años.
Que la tierra te sea leve. Camarada Moro.