Othman Alfredo Gómez-Cambronero Kortazar | Laudio

Jóvenes víctimas de la socidad y verdugos de personas mayores

Estas últimas semanas Bizkaia se ha visto sobresaltada por diversos episodios de violencia social que, por su crudeza, nos invitan a la reflexión serena sobre el modelo de educación actual de las personas menores de edad y la idoneidad de las fórmulas actuales para conseguir aunar convivencia social y seguridad ciudadana.

En mi opinión la violencia asociada a comportamientos anómicos de adolescentes y jóvenes tiene dos vertientes: una es la involución social, la desaparición de redes familiares (disolución de la familia extensa y desconexión entre los miembros de la familia nuclear) y vecinales (unidades familiares aisladas en viviendas y barrios sin personalidad propia y con trama social pobre); otra es el sistema económico, que mediante instrumentos como el márketing agresivo, somete a una dictadura «invisible» increíblemente poderosa a las personas en edad infantil y juvenil, en un grado que la gente de mayor edad no podemos llegar a concebir, obligándoles a actuar como autómatas si no quieren verse aisladas de su entorno social y sentirse a sí mismos como extraños.

Cuando estos mismos jóvenes pertenecen a entornos desestructurados que se han visto además golpeados de lleno por las consecuencias del gran reajuste económico de la última década –la llamada crisis–, el agravio comparativo provocado por la obscenidad del consumismo compulsivo que nuestra sociedad crea en ellos sentimientos de gran frustración, que unidos a elementos propios de determinadas corrientes «contraculturales», conllevan la entrada en el círculo vicioso del comportamiento delictivo, junto al desprecio a las personas mayores fruto directo del cambio en la pirámide poblacional (envejecimiento de la población) y del maltrato estructural al que se ven sometidos las personas mayores (la sociedad delega en ellos trabajos impropios de su condición y situación, como el cuidado de nietos en edad escolar cuando los padres están ausentes por motivos laborales). Los chicos y chicas aprendices de delincuente constatan cómo la sociedad desprecia a su propia gente mayor y lo reproducen –incluso de manera inadvertida– en su actividad delictiva, ya que la falta de referencias morales (asociadas al abandono de actitudes espirituales) les permite llegar a la conclusión de que no existe ningún impedimento en elegir un tipo de víctima propiciatoria abundante y fácilmente disponible.

Por último, quiero recordar que aún habiendo responsables directos de esta situación,  corresponde al conjunto de la sociedad buscar soluciones para revertir la tendencia actual de creciente violencia social y llevar a cabo iniciativas efectivas que con carácter estratégico y estructural conduzcan hacia una asunción real de responsabilidades colectivas y nos ayuden a atisbar un horizonte de convivencia real basada en la justicia social y el respeto a la pluralidad.

Recherche