Gerardo Hernández Zorroza

La dialéctica del «amo» y del «esclavo»

Los sindicatos denuncian que por imperativo del «amo», los gobiernos están privatizando los servicios públicos. Un «amo» (las élites) que se mueven, entre bambalinas, promoviendo los experimentos sociales que se practican a nivel mundial.

Lo más curioso de todo es que este «amo» no precisa frenar aquellas iniciativas que no son de su interés, pues nosotros mismos nos frenamos, por miedo a las consecuencias, condicionados como estamos a no salirnos de un guión establecido de antemano. Y no solo eso, sino que incluso frenamos a quién intente hacerlo, tratándolo de desleal, sin saber muy bien por qué: mero efecto de esa programación.

Hacer una revolución enfrentándose a los Rothschild (500 trillones de dólares de patrimonio estimado) y compañía, muchos lo entienden, estaría abocado al fracaso, seríamos eliminados de un plumazo, como lo vamos a ser, si no espabilamos, en gran parte, por una gran guerra que muy probablemente se está gestando. Acordaros si no del príncipe Guillermo de Inglaterra hablando sobre insostenibilidad del sistema.

Ahora bien, el «esclavo» tiene un arma que descoloca al «amo», y es la desobediencia a su programa, que empieza por cada uno en particular, por superar el temor a un enemigo que no nos salva ni nos guía hacia el progreso como dice, sino hacia un abismo; que se nutre, cual vampiro emocional, de nuestro miedo a salirnos de la manada apaleada; que nos ata además, y no nos damos cuenta, con inexistentes grilletes, de «esclavo».

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