Olga Santisteban Otegui

La paradoja del éxito

En el año 1980, la humanidad celebró uno de sus mayores triunfos: la erradicación global de la viruela. Durante siglos, este virus mortal desfiguró, cegó o mató a cientos de millones de personas. Su desaparición no fue un milagro divino, fue el resultado de una campaña masiva de vacunación. Recordaremos al médico británico Edward Jenner, que descubrió que la viruela de las vacas protegía a los humanos. Después de aquel hito, nos enfrentamos a una paradoja alarmante: el mismo escudo que nos salvó de las grandes plagas está siendo cuestionado por el virus de la desinformación. El negacionismo moderno padece de lo que los epidemiólogos denominan «la paradoja del éxito». Las vacunas han funcionado de forma tan silenciosa que han borrado de nuestra memoria colectiva el horror de las enfermedades que combaten, aquellas que eran mortales, sobre todo en la infancia o lactancia: llámese sarampión o polio. Una parte de la sociedad ha perdido el miedo a la enfermedad mortal. En su lugar, han decidido volcar sus temores (que dicen no tener) en mitos infundados, teorías de la conspiración y bulos digitales. Posteriormente, Louis Pasteur demostró en sus laboratorios la clave para vencer a la rabia. Gracias a este legado y tantos otros, la esperanza de vida se duplicó a lo largo del siglo XX; las vacunas se consolidaron como la mayor inversión en salud pública. Los movimientos antivacunas se dispararon vertiginosamente durante la pandemia de la covid-19 con toda una «legión» de bulos que desde entonces no han parado de crecer. Los primeros en caer no son solo quienes deciden no vacunarse (con toda su libertad). Las verdaderas víctimas del negacionismo son los más vulnerables: los bebés lactantes que no reciben sus dosis, ancianos o pacientes inmunodeprimidos. Cuestionar, pues, la seguridad de las vacunas actuales, sometidas a los controles clínicos más estrictos de la medicina, es algo que no nos podemos permitir como sociedad. Defender las vacunas es una defensa de la razón frente al individualismo irresponsable; dar un paso atrás ahora no es una postura alternativa, es una rendición ante el pasado.

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