Las villavesas
Antes de adentrarme en el tema que lleva por título esta carta, quisiera expresar un preámbulo como trabajador: nunca pondré el acento en las personas trabajadoras al criticar las deficiencias de un servicio tanto público como privado. Tanpoco soy tan ingenuo como para no hacer autocrítica y confesar que en ocasiones las personas trabajadoras no estamos del todo acertadas, erramos o nos confundimos en el desarrollo de nuestras obligaciones. Somos humanos y nos equivocamos e, incluso, lo podemos hacer mal.
No obstante, el acento considero que hay ponerlo en la responsabilidad de las estructuras empresariales y en las condiciones laborales de las personas trabajadoras.
Es muy grave que esta destructiva sociedad capitalista nos esté llevando a la propia clase trabajadora a ser lobos contra nuestros prójimos y a atacar nosotros mismos al eslabón más débil que somos las personas trabajadoras. Recuerdo la carta del otro día de una «marquesa» que se quejaba porque el chófer llevaba la radio puesta, el papá de una niña que culpa de su dejación paterna al chofer o la de los usuarios que ponen en la diana de airadas críticas al chófer que lleva ocho horas conduciendo entre atascos, obras y bocinazos. Es terrible.
En este caso del que escribo tenemos que responsabilizar principalmente a la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona-Iruñerria y a la empresa adjudicataria del servicio del transporte público TCC.
Como usuario habitual tengo que decir, y lo he hablado con otras personas usuarias, que de un tiempo a esta parte y acrecentando en las últimas semanas, el mantenimiento de los autobuses es malo: no funcionan los aires acondicionados, no abren bien las puertas, están sucios, sacar las rampas para las personas con movilidad reducida es una odisea para las personas conductoras o directamente no funcionan, asientos rotos, sujeciones de mamparas u otros elementos con trapos...
(Apunto someramente también la creciente falta de civismo y normas de urbanidad de algunos usuarios).
Además de horarios muy apretados y circuitos sin revisar que estresan e impulsan a correr al conductor.
En fin, un declive en el mantenimiento de unos autobuses y en el servicio que pagamos la ciudadanía.
Por qué la Mancomunidad no exige a TCC que se mantengan estos vehículos en buenas condiciones técnicas y de confort y, sobretodo y principalmente, atiendan las demandas sociolaborales del comité de empresa?
Estamos toda la ciudadanía, por decisión de la Mancomunidad, "equilibrando las cuentas" de TCC cuando dejan de tener el margen de beneficio que les interesa y, en cambio, esta misma entidad pública no tiene la valentía de exigir nada a la contrata ni de buscar otras alternativas para la gestión del transporte público.
En ciudades tan importantes como Donostia, Bilbao, Logroño y otras, son empresas públicas las que se encargan del transporte público. ¿Por qué aquí en Pamplona y Comarca no? Si no hay valor para hacer público el servicio o crear una cooperativa de transporte de pasajeros como lo fue COTUP, ¿por qué no se crea una empresa pública?
La mayoría de las contratas, además de que no son de Navarra, lo único que buscan es el mayor beneficio empresarial posible en detrimento del servicio y las condiciones de los trabajadores.
Ahora que llegan las elecciones, vamos a ver qué grupo político tiene la valentía para afrontar estos temas. Habrá que leer muy bien las propuestas de los programas políticos. De todos modos, la pena es que, muchas veces, dichos programas son como la carta al Olentzero y a los Magos del Oriente.
Pido valentía a la Mancomunidad porque la ciudadanía percibimos que hay demasiados estamentos y entidades que se solapan y falta más gestión óptima de los bienes públicos. (Acuérdense de las mascarillas y demás...).
Pero como declara el chulo, corrupto, impresentable de Adif en el juicio por el descarrilamiento en Santiago: ¡la culpa del maquinista!
Un fuerte abrazo al personal de las villavesas. Eutsi gogor!