Legislación
Europa está caminando a través de un campo de minas en el que no se está haciendo nada para desactivarlas, una de las características de Occidente en todos los dominios consiste, según Max Weber, en introducir la razón como criterio. Europa, olvida a sus pensadores, sus raíces, va ciega en un mundo envuelto en billetes y en prebendas para las minorías que tejen una red que expulsa la disidencia sin contemplaciones. Sófocles, en su Antígona, recuerda hasta el último día de la vida humana que: una sola cosa no ha podido superar el hombre, la muerte. Leopoardi, escribe: el alma de los partidos es el odio… la falta de enemigos, destruye a los partidos, y por partidos también entiendo a las naciones, septiembre 1821. La venganza es un resentimiento que afecta a la humanidad, contamina la convivencia y no resuelve ningún problema, ya que los delitos más atroces, con leyes vengativas, no devuelven la vida. Hay suficientes investigaciones para saber, que las penas más crueles, las torturas, las lapidaciones, las prisiones más tétricas, conviertan a los humanos en seres benefactores y justos. Las bajas pasiones no calman el alma que se petrifica en odio y venganza, y cuando hay partidos políticos como sucede en Europa, que jalean estas reacciones, vivimos en el peor de los mundos. Si, ya no se puede ocultar que la maldad humana transita por las instituciones, que lo único que les interesa a sus componentes, es mantener un nivel de vida que el resto de los mortales no tiene acceso a lo más básico. El primer objetivo que se debería tener en cuenta es la decencia en todos los ámbitos, el juego limpio, y no esta involución tan siniestra en la que unas minorías desalmadas, están impulsando y promocionando. La extrema derecha y el populismo, en su peor versión, viven enquistados entre nosotros. Estos dos elementos, en simbiosis, están destruyendo el presente y construyen un futuro sin horizonte. Activar las bajas pasiones es el delito mayor que cualquier representante público pueda cometer. La historia está asfaltada de cadáveres inútiles, que impidieron que millones de humanos pudiesen contribuir en la construcción de un mundo vivible.
Atentamente,
Enric Vivanco Fontquerni