Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Libertad duradera

Octubre 2001, George W. Busch ordena lanzar misiles, contra supuestos campos de entrenamiento de guerrilleros afganos. El lema: "Libertad duradera", previamente, "Justicia infinita". Toda esta palabrería hueca, ha costado de nuestros bolsillos y de nuestra miseria 2.261 milliards de dólares. Para que se hagan una idea, el plan de inversión del nuevo presidente americano, en infraestructuras es de mil milliards de dólares el equivalente a 852.000 millones de euros, o sea que más de dos veces y cuarto el gasto en veinte años de esta guerra inútil. Un país devastado, más de 200.000 muertos entre todos, ya que los afganos que yo sepa también son terráqueos, es un cálculo muy optimista, dejando aparte los heridos y los locos que ha producido semejante crimen occidental. La prensa de la democracia cosmopolita liberal, y ultra- democrática, no se entera que este descalabro, es el epílogo de una civilización que se va al carajo por suerte. Ni los: misiles, satélites artificiales, aviones, helicópteros, cruceros, portaaviones, drones y demás artefactos inútiles, han podido contra la voluntad de unos humanos que defienden su suelo, sus creencias, sus raíces, su historia, y su identidad. El presupuesto del ejército por parte de los vencedores, ha sido por medio del comercio de las drogas, que venden a los niños del botellón, que así han podido costear la guerra. Siempre y en todo lugar los que colaboran con potencias extranjeras su nombre es claro y preciso: son los traidores. Todos estos personajes que han estado viviendo de la caridad occidental, ahora se dan cuenta que su consciencia está tan sucia, que no tienen otra opción que salir por piernas y colgarse en un tren de aterrizaje, para marchar del país que han traicionado. Que no esperen una vida mejor. Los que se venden por monedas a la primera ocasión, continúan con el mismo marco mental. En el momento que Biden, reconocía el desastre de toda esta operación, un muchacho llamado Sánchez, sacando pecho decía: misión cumplida. Los españoles siempre tan altaneros, ya que las derrotas forman parte de su ADN. Sólo ganan contra los ciudadanos indefensos, como estamos comprobando en el Principat.

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