Liderazgos poco ilusionantes
No sé si serán cosas de la edad o algo más grave. En esta ocasión voy a necesitar la mano de alguna persona amiga, para que me arrastre a cumplir con mis obligaciones cívicas. Qué pereza da el tener que votar, en las próximas elecciones al Parlamento español, con la ilusión marchita. ¿Cómo recuperar el ánimo tras lo visto, oído y leído en los medios, a lo largo de estos últimos meses? ¿Cómo resistir la tangana que nos van a seguir dando personajillos, con su credibilidad bajo mínimos? ¿Cuándo se le pasará factura a una derecha, presuntamente plagada de impresentables en sus filas? ¿Será tan habilidosa como para seguir tapando su escandalosa corrupción, con las migajas que acostumbra a dejar caer de sus opulentas mesas? ¿La falta de unidad en la mayoría social de la izquierda permitirá, una vez más, que las cosas sigan como están? ¿Qué va a ser de la esperanza de tantas y tantas víctimas de desigualdades sociales inaceptables? ¿Cuánta ilusión podrá devolver a la buena gente, en el conjunto del Estado español, la trabajosa alianza Podemos-IU? ¿O será verdad que las cosas no van tan mal como algunos las pintan? ¿Entonces, a vivir que son dos días y a la playa en lugar de a votar?
Como estamos ante elecciones estatales, no voy a entrar en las peculiaridades de Euskal Herria y Cataluña. El refranero español dice algo así como que… nunca segundas partes fueron buenas, pero tendremos que intentar quitarle la razón. Vamos a ver si, con la lección un poco aprendida, cerramos los ojos a liderazgos poco ilusionantes y vamos al fondo de la cuestión. Al enfrentarnos a las urnas tendremos dos alternativas. O votamos a favor de las pocas personas que tienen mucho dinero y ofrecen migajas, desde su egoísmo. O a favor de las muchas personas que tienen poco dinero y demandan un poco más de igualdad, desde la solidaridad. A ti te toca discernir, amigo votante, quien representa a quien.