Los cantos de sirena
Nuestra sociedad está regida por una política que crea ministerios, como cualquier orden religiosa, que nos señala el camino de la salvación humana, y cómo hay que relacionarse en un mundo cada vez más infantilizado. La esencia de la Revolución Francesa, ha cristalizado en un fracaso total, ya que lo que perseguía, que era la felicidad, y la igualdad, como valores primordiales, en el mundo actual lo que priva son los ansiolíticos y las terapias naturales para los que puedan acceder a ellas. Las élites, como la aristocracia previa de la Revolución, siguen disponiendo de sus mecanismos de trasmisión de patrimonio cultural, económico, y de relación entre ellos, como sucede por todos los mapas de nuestra Europa, trufada de valores maravillosos. Un vulgar rito de paso, como lo acontecido en un colegio, para padres con dinero suficiente para poderlo pagar, que su objetivo es que no se mezclen sus hijos, con pobres subvencionados, esto ya sucede con las hijas con diadema, para que no les disputen los puestos que solo ellos tienen derecho, por esto pagan, ya que es un esfuerzo suplementario que los otros no lo hacen, porque les ha faltado empeño. Esta manera de pensar es la mayoritaria entre las élites de Europa. Pero hay una ideología que le encanta engañarse sistemáticamente y así le va. Los gritos vulgares hacia las compañeras que no pueden compartir lugar en la intimidad por ser peligrosas, no sé de qué se extrañan de los cantos de los varones, hacia las hembras. Lo más curioso ha sido como los periodistas, tan políticamente correctos, se han quedado noqueados por ciertas declaraciones de las compañeras a las que iban dirigidos los cánticos, de un común rito de paso. Deberían leer a Arnold Van Gennep, a lo mejor después de esta lectura no harían el ridículo, siguiendo las directrices del Ministerio, de la virtud. Lo que más admiro de la machaconería del discurso es como la hembra se convierte en las mentes malignas como objeto de deseo. La dominación no es patrimonio exclusivo del capitalismo, ya que el sujeto, en su propia esencia, no puede darse a sí mismo su propia representación. Nuestro mundo está trufado de deseo por todos los rincones, y la publicidad es el gran Califa. El neoliberalismo ha destruido al sujeto moderno, crítico, freudiano, y marxista. Ha conseguido un individuo autista, y consumidor indiferente, referido solo al goce solipsista, que se realiza como mercancía subjetiva en la cultura de masas. No todo está perdido gracias a Lacan, sabemos que lo simbólico, es la posibilidad o la imposibilidad, al mismo tiempo, para transformar lo real.