Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Los feligreses del deporte

Manuel Delgado, catedrático de Antropología Social de la UB se jubila. Hay profesores que por cierto no abundan, que se implican en la enseñanza con un sello personal inimitable. Manuel Delgado, y su asignatura estrella Antropología religiosa, los que hemos tenido la suerte de ser alumnos suyos, ya nada será igual. Generaba un motivo para que la vida mereciese la pena, en estos momentos el desierto es extenso. En sus clases, y escritos, sostiene que no hay distinción entre la religión y la ideología. Ha investigado lo relacionado con la destrucción en el Principat, de gran parte del patrimonio religioso, y artístico, con centenares de muertos, por medio de los fanáticos laicos. También y en estos momentos se ha de reflexionar profundamente, sobre el chivo expiatorio respecto a ciertos colectivos religiosos. Sostiene que ni la religión, ni la ideología, determinan la conducta humana, sino sus condiciones objetivas. Por esto la repulsa de lo religioso como inferiores culturalmente, nos lleva a despreciar a los grupos más vulnerables que circulan por nuestras sociedades. Culpar a una congregación en concreto de los males de una sociedad, es un sinsentido, ya que no dispone de ninguna base, ni justificación. Siempre con este tono irónico del profesor, que parece que suelta una gracieta, había que estar atentos, bajaba el volumen de voz, y su reflexión ridiculizaba lo obvio: hay quien cree que existe la democracia. Sí, en su asignatura de Antropología religiosa, mencionaba «creer» en la democracia, considero algo de una ironía inigualable. Este concepto torturado a lo largo de nuestra vida corporal, cuanto más se habla de democracia, por parte de los políticos, y del resto, menos liberad te dejan, y más te están aplastando, se podría construir una lógica matemática de los fervorosos demócratas. Es un ejemplo empírico que religión e ideología son lo mismo. Por esto, ceñirse de forma compulsiva hacia un colectivo creyente, sea católico, musulmán, o budista; con aires de superioridad, indica un desconocimiento y simplificación de lo que ha acontecido, y de lo que sucede en la actualidad. Desde cualquier plataforma religiosa el líder, como es lógico no lanzará piedras en contra de lo que representa. En la actualidad el deporte ocupa un lugar esencial: pan y circo, no es ninguna novedad. Pero necesita precisión. El deporte profesional no existe, ya que deja de ser un entretenimiento del que lo practica, y se trasforma en profesión. Es una industria que se instrumentaliza con la ideología dominante, y equivale a una religión, se ha de pensar en los seguidores. Cualquier líder religioso intentará aprovechar este movimiento de masas, para alimentar a su propia parroquia, como los políticos, y los representantes de los Estados, que se vuelven forofos. Es un fenómeno repugnante sin más. Pero no por esto se ha de culpar a esta la trampa, de los males por la que se está transitando. Cuyos mayores exponentes son: la pereza mental, y la desidia, que nos arrastra a convencernos de que somos unos meros peleles.

Atentamente.


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