Javier Orcajada del Castillo

Menos lobos

Oyendo o viendo la prensa española o a los políticos constitucionalistas parecería que los catalanes sufren un repentino ataque de locura colectiva. Es el Gobierno español el que les garantiza las pensiones y financia el gasto corriente a través del FLA porque la economía catalana está al borde del colapso. Ahora, como consecuencia de su decisión de «echarse al monte», los bancos y empresas ante el miedo a perder el paraguas protector de Europa, se trasladan en masa a territorio común. No, los catalanes no están locos, están hartos de recibir desprecios y ser ninguneados por España que les produce un déficit anual de más de 15.000 millones de euros. El paternalismo de los medios españolistas han creado en el Estado una mentalidad de oportunistas a los catalanes a los que se acusa de ignorantes y de separatistas. Es muy probable que en su proceso de separación la República de Catalunya deba pasar una fase complicada porque tienen que crear todo, agravado con la actitud hostil de España y la difusa de la UE respecto del proceso de consolidación del nuevo estado. Pero los medios no explican que la salida de Cataluña de España les va a suponer desde el primer momento la pérdida de recaudación fiscal que supone el 23 % del total. Que con esa reducción de medios financieros no es posible subvenir a las necesidades corrientes del Estado y no habrá bancos ni empresas que se hayan trasladado a España que financien esa caída de ingresos y no afecte a servicios básicos de todo el país, como los pago de compromisos financieros internaciones o ver que se derrumba su rating en los mercados financieros internacionales. Por eso ya ha debido recibir el gobierno alguna «sugerencia» desde los centros económicos y políticos mundiales para que se llegue a un acuerdo y se evite el colapso que afectaría no sólo a España sino también a Europa. Por eso la pregunta «ingenua» de Rajoy a Puigdemont dando tiempo para que le aclare lo que es evidente: que la República de Catalunya ya existe y que el Gobierno español está entre dos fuegos: el desprestigio en todo el mundo por las imágenes violentas de la actuación de las fuerzas policiales. Y por otra parte, que una España sin Catalunya se convierte en un país subsidiado, con turismo masivo barato que genera más coste que ingresos. Y la agudeza del pueblo catalán que sabrá ingeniárselas para explicar que son más de siete millones de habitantes cultos, pacíficos, emprendedores y demócratas. «Pro libertate patria gens libera state».

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