Idoia Fdez. Napal

Mi casa de Yesa

Hace dos años ya de un desalojo preventivo que se ha convertido en definitivo. Dos años de información contradictoria, mentiras e improvisación por parte de la CHE y dos años de espera, frustración e impotencia para algunos vecinos de Yesa. Dos años de un mal sueño que todavía no acaba.


Nuestras casas están a la deriva y ahora ya solo podemos esperar una compensación económica que nos permita empezar de nuevo. Seguramente podría haberse evitado con informes geológicos reales, con la detención de las excavaciones en el momento en que se detectaron los primeros movimientos, con la intención de comprender lo que pasaba en lugar de tirar hacia delante ‘cueste lo que cueste’ con el recrecimiento de un pantano de finalidad dudosa.


Sin embargo, parece que no vale con la lección y 103 viviendas desalojadas, 3 pueblos inundados y 1500 personas desterradas no son suficiente coste. Nosotras no podemos volver a casa, pero todavía podemos evitar que pase algo peor aguas abajo y se siga inundado tierra y vida en nuestro valle.


Porque una casa no son cuatro paredes; es la montaña que subes, el río que disfrutas y las gentes con las que lo compartes. Una casa es un territorio. Y el nuestro está en peligro.
Varias generaciones de expropiaciones por el mismo pantano hacen comprender que o te vas y te desarraigas o defiendes la herencia que nos dejaron para las y los que vendrán: ríos y pueblos vivos! No al recrecimiento de Yesa!

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