No nos llegó el mensaje
Noviembre avanza. En las calles, unas culpables luces de Navidad planean dar brillo a nuestras vidas despechás. Comercios llenos de exquisiteces sacan los colores a la escasez de muchas despensas. No estamos para «navideos», no nos toquen las zambombas.
Ojalá volviera el antiguo espíritu de las navidades, el del camión volquete y la muñeca andadora. El de la performance del incombustible Raphael con su ph de pedigrí cantando "El Tamborilero". No vendamos la moto a los Reyes Magos. No hemos sido buenos. Siempre hay un listillo de turno usando la picaresca «Pues a mí que me traigan carbón». Va a ser que no, enterao. El carbón de este año mutó a energía renovable y viene caro.
Dos milenios después del niño y el pesebre, en un mundo globalizado lleno de dolor, guerras y miedos, al filo de otra Navidad, no nos llegó el mensaje o lo hemos dejado en visto. Paz y amor, decía. Tres únicas palabras.
Estaremos de acuerdo en que no hay suficiente coraje para asumir tan grande desafío.