Mikel Suárez Urbaneja

Ondas que no se pueden esposar

Pueden subir los decibelios de los altavoces tanto como quieran para tratar de tapar la realidad de un pueblo, pero olvidan las propiedades físicas envidiables que tiene el sonido. Este no entiende de leyes políticas, no sabe lo que es el miedo, pero sobre todo, es que no se puede esposar. Es por eso que se pueden prohibir encuentros, requisar pancartas, megáfonos... e incluso precintar urnas, pero no impedir que ondas vibren en el aire provocando un sonido. Mientras que ese 18 de abril en la Cartuja los silbidos viajaban a 343 metros por segundo, lo que se estaba presenciando no era una bochornosa pitada, sino un cortocircuito democrático.

En pleno siglo XXI, nos siguen vendiendo una democracia con manual de instrucciones. En la cual puedes mirar, pero no tocar, puedes votar pero no decidir. Y es aquí donde reside la gran paradoja de la democracia, se nos vende un sistema blindado para protegernos, pero es esa misma protección la que mantiene las urnas bajo llave. Hablan de convivencia mientras mandan a la policía a perseguir papeletas, exigen un respeto total al himno mientras nos niegan el derecho a discrepar. En una democracia real, el respeto no se impone a base de leyes mordaza ni se tapa con los decibelios de la megafonía, el respeto nace el día que el sistema deja de tener miedo y permite, por fin, que la gente sea dueña de su propia decisión.

El problema para «los de arriba» no es el ruido en sí, sino lo que ese ruido deja en evidencia. Llamar «rebelde», «maleducado» al simple hecho expulsar aire de un pulmón o etiquetar de ilegal el deseo de votar no es más que la prueba de una sordera estatal que ya es crónica. Es el mundo del revés, donde el «rebelde» es el que quiere votar y el demócrata es quien lo impide. Mientras el hecho de decidir sea tratado como un delito y no como la base de la convivencia, el himno seguirá sonando para muchos como la melodía de una imposición. Y contra esto no hay altavoz en el mundo que pueda tapar el grito de quien solo pide que le dejen decidir en paz.


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