Javier Orcajada del Castillo | Bilbo

Pasión irrefrenable de los jueces por la política

Los políticos mediocres reclaman a jueces a gobernar porque aportan apariencia de rigor, su distancia y manera de relacionarse dan imagen de justos porque administran justicia. La historia desmiente esa ficción, pues la política no tiene nada que ver con la Justicia del Príncipe. Marlaska parece creer que la política es como un tribunal en el que decide qué es y no lo justo, la verdad y el método de solucionar los problemas políticos. Margarita Robles se mete en un barrizal porque cree que cancelando un contrato de «bombas inteligentes» (¿existen bombas tontas?) para Arabia es luchar contra la tiranía. En su ingenuidad quiso tener el minuto de gloria y dar una lección a los «reyes del petróleo». Error, tiene que plegar, pues ignoraba que Navantia tiene en cartera cinco corbetas para nuestros mejores clientes y dará trabajo a la Bahía de Cadiz durante los próximos seis años. Margarita ha provocado un conflicto internacional y encendido los ánimos de los trabajadores del astillero. En vista de la reacción que ha provocado sale del apuro afirmando que era un asunto en estudio. Pero es que otro de la profesión, Zoido, anterior ministro de Interior solucionaba los conflictos por el artículo 33. Ejemplar su agudeza para gestionar el referéndum del 1-O en Catalunya desembarcando legiones «piolines» que tuvieron su minuto de gloria apareciendo en los telediarios de todo el mundo machacando a ancianos, niños y ciudadanos por ejercer su derecho al voto. Baltasar Garzón, al que Felipe no nombró ministro del Interior a pesar de que se lo prometió, se vengó al volver a la Audiencia Nacional desvelando la trama del GAL encarcelando a la plana mayor del Ministerio. Además, Llarena debe comparecer ante un juzgado belga por falta de imparcialidad. La historia muestra el tránsito fluido de tribunales a ministerios y viceversa, pues su vanidad no se sacia en el limitado ámbito de los tribunales y buscan emociones más excitantes, sabiendo que si fracasan siempre tienen asegurada la vuelta a los tribunales donde pueden lamerse las heridas recibidas en su paso por la política y maquinar la venganza.

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