Pecados originales de España
Este país de reyes inútiles y haraganes, con escritores que han popularizado la novela picaresca, se ha quedado para ser el payaso gracioso y servil de Europa de Sancho Panza. Con pueblos que quieren abandonarlo por dignidad. Ha cometido dos veces pecado original que empequeñece su historia a pesar de haber sido un agresivo imperio invasor. El primero fue no aprovechar la oportunidad de incorporarse al tren del progreso derivado de la Revolución Francesa que aportaba el avance de la invasión de Napoleón en 1808 derrotando a «La Francesada», la esperanza de la intelectualidad para modernizar España, liberarnos de los Borbones proclamando «La Pepa, aunque pronto fue derogada, retornó Fernando VII y España quedó encerrada al sur de los Pirineos. Fue el primer pecado original que duró hasta la proclamación de la 2ª República, de la que una vez más nos salvaron los militares golpistas con una guerra civil y la dictadura de 40 años hasta la muerte en la cama del Generalísimo Franco. Los herederos huérfanos idearon la CEE, otra oportunidad caída del cielo de cambiar el rumbo, pues se nos invitó a entrar a ese club selecto, la iniciativa más importante para entrar en Europa y equipararnos a las libertades. Pero se nos exigía implantar la democracia y abandonar el régimen dictatorial. Al que se oponían los impulsores de La Transición, pues querían mantener sus privilegios, en contra de Bruselas. Además, se daban condiciones excepcionales, pues se pretendía otorgar amplia autonomía a Catalunya y al País Vasco, que tenían gobiernos en el exilio y eran nacionalidades con extensa tradición independentista reprimida por el centralismo. Se les otorgarían estatutos equivalentes a estados asociados. El segundo pecado original lo cometieron los constituyentes que claudicaron ante los regionalismos folclóricos, pues el inútil Abril Martorell decretó la Loapa, el «café para todos», que era aceptar una vez más que la España feudal se impusiera a la democrática, reprimiendo al nacionalismo vasco y catalán. El pecado original solo se perdona con el bautismo, ilustres herederos de Franco.
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