José Luis Merino

Pubis de colores

Agradecimiento a Inma

Encuentro de la policía con la amiga de quien protagonizó un violento suceso. Mi amiga Ii ponía dolor a la desgracia de ser mujer en nuestro país. Las bestiales ablaciones; los matrimonios acordados; el temor a parir niñas, entre otras vejaciones. Ii era una cabeza folle. Pero una folle maravillosa. Solía teñirse el pubis. De rojo cuando se sentía bolchevique. De azul en recuerdo de una aventura con uno de los hombres azules del desierto. En una ocasión se lo tiñó de rubio platino. En el momento de hacer la estatua con el cretino –así llamaba a su marido–, se veía en Las Vegas, del brazo de Omar Sharif, para ella el jugador de cartas más guapo de la historia. Cuando le preguntaba si no temía ser descubierta, ella contestaba: «esta clase de cretinos en esos momentos ni miran ni ven». Una noche, después de ser sodomizada, apuñaló a su marido mientras dormía y a continuación se cortó las venas. Dejó un papel donde daba cuenta de su venganza. Paren, por favor. Clic. Se secó las lágrimas con un pañuelo fucsia y se ajustó el velo.

Para Ii, el yihadismo mataba a quienes miraran con buenos ojos la igualdad entre mujeres y hombres de Occidente. Por eso destrozaban con cinturones explosivos a tantos de nuestros hermanos. Eso es cuanto puedo decirles. Clic. Muchas gracias, señora. Las gracias se las doy yo a ustedes, de todo corazón.

(Fuera de la grabación, al preguntarle por la obligación del velo, volvió a referirse a Ii. Según ella, de una vejatoria y perversa imposición, las mujeres árabes lo convirtieron en un medidor de belleza. El velo, decía, es como la noche, que hace más guapas a las mujeres. Y añadía: el velo deja ver lo importante del rostro y excluye lo demás. Ahí quería verles a las rubias de las películas)

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