Saramago
Hace dos años y tres meses que murió José Saramago. Hasta ese día, cualquier causa justa, perdida o no, en cualquier rincón del planeta, podía encontrar receptividad y apoyo en José Saramago. El teléfono, el mail o la dirección de Pilar del Río siempre estaban abiertos para poder dar una palabra de respuesta y aliento. Lo digo no porque me lo hayan contado sino porque he sido testigo de ello.
En Euskadi la causa de la paz tuvo en Saramago un aliado activo durante mucho tiempo. En los trece años de historia de Elkarri, acudió a nuestra llamada cada vez que se lo pedimos. De la mano de Pilar, nos atendió, nos escuchó y nos respondió siempre. Apoyó activamente la idea del diálogo, en tiempos en que esto era una herejía a contracorriente del dogma oficial.
Es una gran pena que José no pudiera ver y celebrar el acontecimiento del cese definitivo de la violencia de ETA hace ahora casi un año. Él fue uno de los pocos que en la escena internacional contribuyeron a ello, cuando hacerlo era difícil, cuando era comprometido decir determinadas cosas, o cuando te laminaban en medios estatales por defender el diálogo o un concepto de derechos humanos sin excepciones.
Vayamos un poco más allá de nuestra realidad más local. La obra literaria de Saramago es un patrimonio universal. Junto a ello, también lo es la fuerza de su voz crítica. Cada acto en el que participaba, ya fuese recogiendo el Premio Nobel o en una pequeña charla, prestaba su voz para hacer un llamado a lo más hondo de la conciencia humana. Fue como los antiguos profetas, denunció antes de tiempo la crisis que ahora nos asola; pero que nadie veía o quería ver.
Hay pocas voces críticas en el mundo que tengan esta capacidad de interpelar a la conciencia humana y que además lo hagan, y lo sigan haciendo sin extraviarse en tonterías, vanidades o frivolidades. Eso se perdió con José Saramago, una de esas últimas voces en el mundo que claman, con sensibilidad humana y artística y con determinación personal y política, a la solidaridad y a la justicia.
Queda su obra, y queda el recuerdo de su palabra y de sus discursos y obras. Para eso entre otras cosas está la Fundación José Saramago y el trabajo de su presidenta, Pilar del Río.
Saramago fue un referente para Elkarri y lo siguió siendo para Baketik, en Arantzazu. De hecho, la primera presentación que hicimos de este proyecto ante la prensa hace ahora seis años contó con la presencia de ambos.
En Baketik estamos ahora en un momento de cambios. Queremos redefinir nuestra misión y proyecto en un contexto con dos nuevos factores: las crisis y el principio de la paz. Después de un año de transición y reflexión, presentamos las conclusiones para una nueva etapa de Baketik. Esas conclusiones se resumen en una propuesta y en un proyecto. La propuesta se denomina Dinamo, y el proyecto es el conjunto de recursos que Baketik orienta a promover esa propuesta.
Todo esto lo vamos a dar a conocer, el sábado 29 de septiembre a las 11.00h en el Edificio Gandiaga Topagunea de Arantzazu. Todo esto se resume en una idea fundamental. La misión de Baketik es promover el principal poder de cambio personal y social que tenemos las personas: elegir con sentido ético. Todo esto ha sido, de alguna manera, inspirado por Saramago y por la cita que nos regaló al nacer Baketik: “No cambiaremos la vida, si no cambiamos de vida”.
Por todo lo expresado y por muchas otras razones que no caben en este espacio, Baketik quiere que este evento sea un momento de recuerdo y reconocimiento a José Saramago. Queremos hacer presente la vigencia de su voz crítica. Pilar estará con nosotros. Quiero invitar a todos los amigos y amigas de Saramago en Euskadi a participar en este acto (Solo hay que confirmar la asistencia).
Lo que haremos ese día será muy modesto; pero nos gustaría que esta ocasión sea un encuentro de amigos de Saramago por distintas causas, y que este encuentro fuera el germen de otro acto posterior que pudiera recoger toda la policromía de matices y colores que la presencia y voz de Saramago dejó en nuestra tierra.