Olga Santisteban

Una camiseta y un mundial

En poco más de un mes (21 de noviembre) se «celebrará» en Qatar el mundial de selecciones futbol (FIFA), fíjense, porque creo que, por primera vez y tras 21 campeonatos anteriores, este se jugara ya casi en el invierno y no como era hasta ahora, en el comienzo del verano. Allá por el año 2010, Qatar consiguió adjudicarse dicho campeonato (en medio de sospechas de corrupción y amaño, de haberlo vendido al mejor y poderoso postor) Qatar, una de las denominadas «monarquías del golfo» «presume» de unas políticas aperturistas entre las férreas «vecinas» que le rodean, pero nada más lejos de la realidad. La construcción de los estadios, que albergarán los partidos de las diferentes selecciones, ha estado rodeada de grandes escándalos. Las pésimas condiciones laborales de los trabajadores (en su mayoría migrantes de Pakistán, Nepal o Bangladesh, entre otros) con miles de fallecidos entre ellos o denegación de salarios, entre otras «lindezas». Naturalmente, todo esto ha sido negado o tratado de ocultar por las autoridades qatarís, a pesar de las denuncias de instituciones o periódicos internacionales de conocida solvencia. Un país que sigue vulnerando los derechos de las mujeres a pesar de su «fingida» apertura. Estas mismas autoridades se han apresurado, así mismo, a advertir a los colectivos LGTBI que no son bienvenidos o que se abstengan, bajo penas severas, incluso de muerte, si mantienen relaciones. Los gestos, aunque tibios, de rechazo o boicot ante estas conductas que no puedo calificar, se van produciendo. El gesto de una selección nacional que con una camiseta «protesta» (difuminará los colores de su elástica, haciéndola más sobria). Este gesto u otros que seguramente se sucederán, podrían ser un toque de atención o reflexión, sobre algunos más que «negros» negocios.

Recherche