Ampliar el foco de las imágenes y el radio de las acciones

Parecería que una imagen, la del niño Aylan Kurdi muerto en una playa turca, ha logrado por fin despertar la conciencia de la ciudadanía europea, condicionar los discursos de una parte relevante de sus mandatarios y, en general, hacer ver al mundo la dimensión de la tragedia que están viviendo los refugiados en su éxodo hacia Europa. Sorprendentemente, para muchos esa imagen ha destapado lo que ya era evidente: que esta es una crisis humanitaria de primer orden en la que mueren a miles; sí, también miles de niños y niñas. En nuestras costas, pero sobre todo en Siria, Sudán, Eritrea, Afganistán…

Sin negar el efecto de la foto, sin obviar que junto con la solidaridad también ha activado cantidades ingentes de hipocresía, hay que recordar que para entonces ya se había logrado reconducir algunas cuestiones críticas en este tema. La primera, muy importante, cambiar el marco del debate, lograr el reconocimiento de que este es un éxodo de refugiados que huyen de conflictos bélicos abiertos en los que la comunidad internacional tiene una gran responsabilidad. En el marco internacional el derecho de asilo tiene muchas restricciones, pero también impone obligaciones, empezando por las legales, que los gobiernos no pueden esquivar tan fácilmente.

Es cierto que los gobernantes de derechas, empezando por Mariano Rajoy, han aprovechado este cambio precisamente para criminalizar otro tipo de migraciones, las consideradas de carácter económico. Frente a esas posiciones despiadadas y criminales, ahora hay más margen para afianzar una visión más decente y eficaz sobre el fenómeno migratorio en la opinión pública.

Al tratarse en parte de un debate moral, los principios humanistas y de izquierda tienen una oportunidad de dar esa batalla en mejores condiciones. Pero también es cierto que esos argumentos tienen que compaginarse con otros más prácticos, utilitarios y realistas en el marco de la crisis económica que padecen las sociedades europeas. Más que un debate está crisis requiere recursos, eficacia en su gestión y mucha pedagogía política para propiciar un cambio cultural y social muy potente.

Refugio de personas, vanguardia en hechos

A falta de que se concrete más, la declaración de ciudades-refugio por parte de los gobiernos municipales que abogan por un cambio político profundo es un paso importante. Y es razón de orgullo que Iruñea haya sido una de las primeras en integrarse en esa red. Además de la presión que eso ha generado para que otras instituciones se muevan, ese carácter de red va a posibilitar aprender de otras localidades con mayor experiencia. En ese espíritu de cooperación pueden surgir nuevas ideas, se pueden importar experiencias exitosas, se puede marcar la diferencia. La sociedad civil puede jugar un papel importante en este terreno.

Es un hecho que por sí solas las instituciones no tienen hoy por hoy los mecanismos para activar y llevar a buen puerto la ayuda necesaria. Con todas las pegas que se le puedan poner a la «industria» de la ayuda humanitaria, lo cierto es que salvo honrosas excepciones no se han articulado alternativas eficaces a la misma. En este momento, por ser la crisis humanitaria lo más urgente, se necesita el conocimiento que acumulan los equipos de esos organismos, muchos de los valores que atesoran sus voluntarios, junto con una interlocución institucional eficaz y recursos económicos y logísticos.

Lo cual no es excusa para comenzar cuanto antes una reflexión más general sobre por qué la izquierda como tal tiene tan pocos recursos, más allá de un discurso coherente e inapelable, en este tipo de temas. Un debate sin reduccionismos, ni a lo moral particular ni a lo geopolítico general, con honestidad revolucionaria.

Ampliar el foco

Para ello la izquierda tiene la responsabilidad de ampliar el foco, dándole un contenido político que señale las causas con la vista puesta en los escenarios futuros, atendiendo no solo a los principios, sino a sus objetivos finales. Ampliar el foco, empezando por la imagen de Aylan Kurdi, recordando sus orígenes en Kobane, reivindicando la lucha que allí desarrolla el pueblo kurdo. Imágenes, relatos y hechos que den contexto.

La incapacidad de las instituciones y de los estados europeos para buscar soluciones demuestra que el diagnóstico de la izquierda europea es certero, pero que no logra traducirlo a cambios estructurales. En esta fase histórica marcada por la crisis del capitalismo, el sistema ha demostrado su resiliencia, pero muestra claros signos de descomposición. En esa perspectiva más general, el cambio político tiene mucho margen.

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