Ante el cierre autoritario, apertura soberanista

Al primer ministro británico, Keir Starmer, la supervivencia en el cargo se le está atragantando más cada día que pasa. En menos de dos años en el cargo ha confirmado lo que todo el mundo sabía, que en su interior no había madera de líder ni de político siquiera. Por el camino también ha desmentido la fama de gestor con la que llegó. La falta absoluta de carisma, liderazgo, visión e ideología cristalizó el domingo en una debacle electoral de dimensiones monumentales. Perdió la mitad de los concejales que defendía en Inglaterra, hizo el ridículo en Escocia y se hundió en sus bastiones galeses.

Ha costado varios días, pero el clamor para que no siga empieza a ser ensordecedor. Claro que nadie sabe decir muy bien cuál es la alternativa, porque en lo que sí ha sido eficaz Starmer es en las purgas dentro del laborismo, que han dejado un erial del que difícilmente puede emerger un liderazgo creíble. La única opción podría ser el alcalde de Manchester, Andy Burnham, pero ni siquiera es miembro de la Cámara de los Comunes, ya que en enero Starmer prohibió a esta figura emergente intentar recuperar su escaño. En su obsesión por eliminar cualquier rastro del ala izquierda liderado en su día por Jeremy Corbyn, el aparato laborista ha ahuyentado un capital humano y político descomunal.

Starmer llegó a ser primer ministro por demérito de un Partido Conservador en ruinas. Los tories siguen a la deriva, por lo que el fruto de la crisis laborista la recoge en Inglaterra, sin más trabajo que el de la demagogia y el de atizar las bajas pasiones, la extrema derecha del UK Reform. La lógica en Escocia y Gales es inversa: aunque los de Nigel Farage obtienen buenos resultados, los independentistas han logrado en ambas naciones los mejores resultados de su historia, a lo que se suma el alza del Sinn Féin en el norte de Irlanda, con Michelle O’Neill de ministra principal. El escenario es conocido en Euskal Herria y el Estado español. El antídoto más efectivo frente al cierre autoritario que abanderan las extremas derechas unionistas es la apertura democrática que propone el soberanismo en las naciones que reivindican decidir su futuro.

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