Aprender lecciones y no renunciar a Europa

Tres Estados europeos abrirán colegios electorales este fin de semana. La segunda vuelta de las municipales en Hego Euskal Herria y el Estado francés centra las miradas por cuestión de escala y centralidad, pero también habrá urnas en Italia y Eslovenia. En ambos países se medirá la salud de la ola reaccionaria y la capacidad de la izquierda de presentar alternativa y unidad.

En Italia, la primera ministra, Giorgia Meloni, se juega su capital político en el referéndum sobre una reforma judicial que, más allá de separar las carreras de jueces y fiscales –algo habitual que no garantiza un sistema justo, como demuestra el caso del Estado español–, busca debilitar el potente Consejo Superior de la Magistratura. Choca con la experiencia vasca, pero en Italia, los mayores roces con el poder judicial los ha tenido la derecha. La victoria del «no» ataría en corto a Meloni y podría alentar las negociaciones que, con dificultades, mantienen los partidos de la oposición para formar una coalición en 2027. Un triunfo del «sí» daría alas a la líder de la extrema derecha, que en febrero presentó su siguiente objetivo: una reforma electoral que otorgue un «premio de gobernabilidad» de 70 diputados al partido que gane.

En Eslovenia, las legislativas ponen a prueba el Gobierno de coalición progresista, último baluarte de la socialdemocracia europea junto al Estado español. La alternativa es Janez Jansa, pupilo de Orban y primer mandatario en felicitar a Trump tras las elecciones que no ganó en 2020. Las encuestas vuelven a estar reñidas, aunque la campaña ha tenido un último sobresalto. Una investigación ha revelado que la empresa de inteligencia israelí Black Cube está detrás de una campaña de intoxicación contra el Gobierno. La confluencia de intereses de Washington, Tel Aviv y Moscú en Europa es formidable.

Junto a las municipales vascas y francesas, estas dos elecciones pueden dibujar tendencias en un momento crucial para Europa. Aprender de lo que ha funcionado –en Ipar Euskal Herria, sin ir más lejos– y de lo que ha fallado resulta imperativo para una izquierda que no puede renunciar a formular una idea de Europa acorde a su tradición y sus valores.

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