Avanzar es básicamente una cuestión de voluntad
El informe de situación que el Grupo Internacional de Contacto (GIC) hizo público ayer recoge desde evidencias, como «las obstrucciones constantes del Gobierno español» al proceso de resolución, hasta aspectos que a pesar de ser de sentido común no parecen estar suficientemente interiorizados entre los agentes políticos, pero que adquieren especial importancia por proceder de observadores externos y con experiencia contrastada en procesos de paz.
Una de las principales consideraciones del GIC se refiere a la necesidad de reanudación del diálogo bilateral entre PNV y Sortu, que percibe bloqueado a causa de la valoración sobre la violencia en el pasado. Asimismo, recomienda abordar una iniciativa conjunta de todos los partidos para restablecer la Ponencia de Paz, tras mencionar la reciente propuesta de Arantza Quiroga, inmediatamente revocada por Génova. Es decir, diálogo inclusivo pero también efectivo, sin marginar a nadie ni poner condiciones inasumibles para nadie. Rechazar la visión y la versión de los demás y al mismo tiempo pretender que ellos acepten las propias no solo no es justo, sino también ineficaz –en el caso de que quien mantiene esa postura verdaderamente tenga voluntad de buscar y encontrar solución alguna– o, sencillamente, tramposo. El PP acaba de demostrar que no está dispuesto a tomar parte en un diálogo que permita dar pasos resolutivos, primando su estrategia política. No se trata de excluirlo, pero mucho menos entendible aún es utilizar su ausencia como disculpa para permanecer en la inacción. No es suficiente manifestar voluntad de avanzar en el proceso, es imprescindible materializarla y hacerlo ya, cuando no caben más excusas.
Por último, la colaboración que el GIC recomienda al Gobierno de Lakua con el de Nafarroa y las instituciones de Ipar Euskal Herria, además de necesaria, hoy día es plenamente factible por la posición de unos y de otros. De nuevo, mera cuestión de voluntad.