Bloquear puertas y ascensores privados, abrir las ventanas
Uno de los dogmas más perversos del capitalismo es el del ascensor social, el mito de que la libertad de mercado premia de tal modo el talento, el esfuerzo y las capacidades de las personas que aún proviniendo de las capas más desfavorecidas se puede llegar a lo más alto de la cúspide social. Lo llaman movilidad social. Dadas las evidencias, se admite que los ricos lo tienen más fácil, pero la promesa de mejora permanente si se trabaja bien y se aprovechan las oportunidades es parte central del relato del capitalismo. Por eso la potencia capitalista por antonomasia vende el «sueño americano», aunque para ello tenga que hacer de la excepción una falsa norma, a la vez que oculta la pesadilla de millones de mujeres, negros y latinos, pobres en general, la gran masa de desposeídos de bienes y derechos. El neoliberalismo dice no entender la sociedad en términos de lucha de clases, pero su promesa central es la oportunidad de escalar a una clase superior, para lo que hay que explotar a las inferiores, que por definición deben de ser la gran masa del 99% al servicio de ese 1%.
En esta fase decadente del capitalismo, la clase dirigente se ha puesto aún más al servicio de esos objetivos particulares. Han sido el puente que ha facilitado, con leyes, excepciones, clientelismo, corrupción y latrocinio, el enriquecimiento de unos pocos y el empobrecimiento de muchos. El ascensor aquí sí ha funcionado, pero ha sido privado, y en general lo que ha premiado no ha sido el talento, el esfuerzo y las capacidades, sino los favores, los contactos y el silencio.
El ministro griego Yanis Varoufakis, sobre quien trata hoy un reportaje en 7K, denuncia la fábula de las hormigas norteñas y las cigarras sureñas, dado que son las parasitarias y rentistas cigarras de un lado y otro las que roban impunemente el fruto del trabajo de hormigas de uno y otro lado, en una política que además resulta suicida para el conjunto de los habitantes de Europa. Tal y como explica hoy en GARA otro de sus líderes, Errikos Finalis, frente a esas políticas Syriza plantea poner a las personas y a los pueblos primero.
Las personas primero, pero no todas
Iñigo Urkullu suele utilizar este lema, pero es evidente que él no es Alexis Tsipras. Y, de igual modo, Ángel Toña no es el Varoufakis vasco. Tal y como recordó ayer Iñigo Urkullu al renovarle su confianza, Toña viene a cumplir el programa del Gobierno, para lo que tiene un plan y un presupuesto, al que podrá dar su impronta, pero que no podrá variar en lo sustancial. Su presunta desobediencia a un juez por un bien mayor, su quebranto de la ley para atender a lo que él consideraba más justo, no se va a convertir en política de este gobierno. No se va a plantear una nueva política industrial, se van a seguir aplicando recortes, se van a seguir permitiendo desahucios, en otro ámbito de cosas se va a seguir deteniendo gente si así lo exigen los tribunales españoles…
Como prueba de que el verdadero debate son las políticas de este Gobierno, esta semana PNV y PSE han decidido votar en contra de una comisión de investigación en el Parlamento para analizar el caso Kutxabank, donde dos cargos propuestos por esos mismos partidos han cometido una grave irregularidad: Mario Fernández pagó dinero de los clientes de esa entidad para recompensar los servicios prestados por Mikel Cabieces, y este se lo llevó crudo sin hacer nada. Al mismo tiempo Cabieces era consejero de BBK, lo cual es incompatible, y también chupaba de otras fuentes, en concreto de Iberdrola. Fernández, en sede judicial, advirtió de que no era un caso aislado, que se trataba de un pacto no escrito, una política de Estado asociada a la «lucha antiterrorista». Iñaki Iriondo recupera hoy algunos casos que podrían entrar en esa categoría. Más que puertas giratorias se trata de ascensores o montacargas privados. Los partidos que conforman el establishment vasco sí que ponen a las personas primero, pero sobre todo ponen a algunas personas, en concreto a sus amigos, a sus socios, a sus facilitadores.
Lo evidente es que existe un patrón que se repite en diferentes agencias y organismos públicos, tal y como señaló Fernández, con miembros de esos mismos partidos rotándose en puestos de responsabilidad para los que no están especialmente capacitados. Hasta ahora solo han salido a la luz aquellos que se han visto envueltos en otro tipo de tejemanejes, como es el caso de Kutxabank o la AP1 en Gipuzkoa, donde al más puro estilo mafioso unos camiones han debido de estar haciendo como que movían tierras de un lado a otro del territorio y cobrando por ello, cuando en realidad no hacían nada. Cero gasto, pleno rendimiento.
Urkullu también se ha negado a hacer efectiva la petición de la mayoría del Parlamento para que cesase a Maite Iturbe y paralizase el ERE en EiTB. En el caso del PSE, casualmente, se aduce que no se han cumplido algunos de los acuerdos que facilitaron su nombramiento, entre los que se encuentran, cómo no, un número determinado de cargos para los socialistas.
Es hora de bloquear esas puertas giratorias y esos ascensores privados, es hora de abrir las ventanas, de poner sobre la mesa cómo se ha funcionado, de que se devuelva el dinero, de poner las condiciones para que no se vuelva a repetir. Es hora de abrir las ventanas para airear. Es hora de resetear. De lo contrario, en este sistema corrupto y mediocre, incluso los mejores corren el riesgo de convertirse en unos impresentables. Es hora de elevar el nivel general del país, no el nivel de vida de unos pocos.