Catalunya: frustración e incertidumbres

El sentimiento de frustración que Antonio Baños hizo público por medio de la nota en la que comunicó su renuncia al acta de diputado de la CUP es compartido, a buen seguro, por la mayor parte de los independentistas catalanes. Y no solo catalanes, sino también por todos aquellos que veían con esperanza e ilusión un proceso que parecía imparable pero que de momento está estancado y cuyas expectativas no son comparables con las existentes antes del 27S.

Es preciso hacer un análisis profundo del espectacular proceso catalán, de lo mucho que ha avanzado en poco tiempo y lo que ha retrocedido en mucho menos. Explicar cómo ese logro de un movimiento popular, que fue capaz de arrastrar a la mayor parte de la sociedad obligando a hacer lo propio a las fuerzas políticas soberanistas, ha quedado a merced de una decisión de estas últimas. Repasar qué se ganaba optando por priorizar el candidato a la investidura tanto para defenderlo como para rechazarlo, y qué si se hubiera priorizado el mandato de casi un un 50% de ciudadanos claramente independentistas, muy superior a los claramente contrarios. Esa era la prioridad de la ANC y la de la gran mayoría de quienes el 27S votaron por cualquiera de las opciones independentistas. Un análisis que no debería centrarse tanto en apuntar culpabilidades, porque la responsabilidad es de todos.

Ayer, a tenor de las declaraciones de los diferentes dirigentes de Junts pel Sí, no parecía probable una investidura de otro candidato que no sea Artur Mas, lo que significa que no parece probable la investidura de nadie, y ya se comenzaba a especular sobre si las formaciones que conforman la candidatura volverán a concurrir unidas a las elecciones, o sobre la factura que la evidente división en el seno de la CUP podría pasar al independentismo de izquierda, que no había dejado de crecer a medida que avanzaba el proceso. Incertidumbres sobre las que en estos momentos prevalece ese sentimiento de frustración.

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