Controles fronterizos o deriva securitaria
Desde el próximo viernes y hasta finales de abril, el Estado francés retomará los controles permanentes en los pasos fronterizos hacia otros estados. Así se lo ha comunicado a las instituciones europeas. Una medida que se ha dejado notar sensiblemente por sus consecuencias irreparables, como son la muerte de personas que huyen de la miseria, algo que París ni siquiera menciona en su comunicación y que en Euskal Herria, además de por ese drama, también ha sido motivo de denuncia por su afección en las relaciones sociales, económicas y culturales de los vascos y vascas de ambos lados de la muga.
No es una decisión novedosa, dado que se trata de una medida que el Gobierno francés viene tomando desde hace casi diez años. Lo hizo a raíz de los atentados en París en 2015 y Niza el año siguiente, de nuevo en 2019 por a la reunión del G7 en Biarritz, por el Campeonato Mundial de Rugby en 2023 o por los Juegos Olímpicos, siempre con la excusa de la seguridad. También la pandemia fue la excusa perfecta para el cierre de los pasos, sin dejar de aducir razones de seguridad o tráfico ilegal, todo ello vinculado a la migración. El primer ministro francés, Michel Barnier, ha dado luz verde a los planes de su ministro de Interior, Bruno Ratailleau, de endurecer la ley de migración el próximo año. Una vez más en nombre de la seguridad. Casualmente ese anuncio es visto con buenos ojos por la ultraderecha, gracias a la cual ese Gobierno pudo sortear la moción de censura que siguió a su conformación tras el nombramiento de Barnier por el presidente Macron.
Los controles de pasos fronterizos suponen la suspensión del Tratado de Schengen, es decir, de la libre circulación que recogen los criterios fundacionales de la Unión Europea. Principios que el Estado francés ha venido ignorando los últimos años y lo sigue haciendo en un clima securitario, con la inmigración en el punto de mira, que se está generalizando en la UE. Sus instituciones, mientras alertan del peligro de la extrema derecha, en gran medida hacen suyo su discurso, en el mejor de los casos mirando a otro lado e incluso respaldando las medidas más reaccionarias en materia de migración.