«Cultura democrática» de larga tradición

Tras participar en el homenaje al president Lluis Companys, el actual president en funciones de la Generalitat, Artur Mas, acudió a declarar ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC), al igual que dos consejeras de su Gobierno el pasado martes, imputado a raíz de la consulta del 9 de noviembre. La mayoría de los medios de comunicación españoles se hacían eco de esa comparecencia, pero obviaban que, por casualidad, cálculo o torpeza, el día en que Mas tuvo que declarar ante el TSJC se cumplían 75 años del fusilamiento de Companys, o se referían a dicha coincidencia para acusar al independentismo de utilización del aniversario.

El TSJC, por su parte, denunció el «ataque» a la independencia judicial que asegura supone el masivo apoyo de ciudadanos y políticos a los imputados por la consulta del 9 de noviembre. En parecidos términos se pronunció el presidente del Gobierno español desde la sede de ONU por esas «presiones» a los jueces. Dichas denuncias de tan altas instancias suenan a broma de mal gusto en un Estado en el que las presiones a los jueces suelen llegar al insulto, como mínimo, desde los medios de difusión e incluso desde el propio Gobierno. Sin embargo, son coherentes con la causa abierta contra la Generalitat acusándola de preguntar a la ciudadanía. Son el incomodo, también miedo, a que esta se exprese libremente como el 9 de noviembre o como ayer frente a los juzgados en una protesta en la que, por cierto, confluyeron todas las fuerzas independentistas y soberanistas. Y es que no son sino manifestación de una «cultura democrática» siempre alerta ante la libre expresión y las aspiraciones de libertad de la sociedad.

Hace 75 años el fascismo español fusiló al president Companys por haber defendido la libertad y la justicia social de su país. Actualmente la sentencia del tribunal militar que lo condenó es firme, y ni este Gobierno del PP ni ninguno anterior ha sido capaz de promover su anulación y la reparación a la familia y a Catalunya. Otra manifestación de esa «cultura democrática» de larga tradición.

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