De tener alguna, Pradales y Baigorri tienen la misma responsabilidad; PNV y EH Bildu, no

La obsesión del PNV con EH Bildu está jugándole malas pasadas, con posturas impropias de un partido serio, de orden y de gobierno. Esta semana, el escándalo de las vacunas caducadas, el vertedero de Zaldibar y el «caso palacete» de Getxo les han puesto en aprietos, llevando a los jeltzales a defender lo indefendible y comparar lo incomparable. Con giro ridículo incluido.

Una radiografía que muestra que algo está roto

La semana merece un repaso. Hay que recordar que el caso de las vacunas caducadas que administró Osakidetza en 12 de las 13 OSI saltó a la luz el martes 27, a raíz de una pregunta parlamentaria de Rebeka Ubera. Si algo ha quedado claro es que el Departamento de Salud no pensaba informar hasta una vez superada la crisis, como mínimo. Dicen que no querían generar alarmismo, pero entonces no pueden reivindicar transparencia.

El consejero de Salud, Alberto Martínez, confirmó la gravedad de lo sucedido y anunció una investigación, pero no pudo evitar atacar a Ubera por falta de lealtad, acusándola de decir cosas que ella no dijo. Esa coz, injusta y poco elegante, intentaba desviar la responsabilidad y la atención sobre cómo había gestionado el tema Martínez y su equipo.

Por negligencia, se empujó al lehendakari Pradales a afirmar que había sido Lakua quien que había informado primero, cuando no era así. Se dijo haber contactado con las familias, cuando no era así. El baile del número de personas afectadas –de 253 a 103 y a 30–, demuestra descontrol. En medio, se descubrió que puede haber otras vacunas mal administradas a otras 78 personas. Tampoco han informado de la postura de los expertos, empezando por el laboratorio MSD, que desarrolla la vacuna en cuestión y que una semana antes ya les había dado pautas claras.

Tirar a bulto para acabar dándose en el pie

Antes de esta nueva crisis de Osakidetza, en clave política, esta era la semana del primer pleno del Ayuntamiento de Getxo tras la dimisión de los tres ediles jeltzales imputados por el derribo del palacete. Otro escándalo que el PNV primero intentó minimizar y que ahora intenta diluir.

En este contexto, el miércoles 28 se conocía que la exalcaldesa de Zaldibar Arantza Baigorri, de EH Bildu, consta como investigada en un sumario por el derrumbe del vertedero de Zaldibar. Seis años después de que se desplomara, sepultando a Alberto Sololuze y a Joaquín Beltrán, se levantaba el secreto de las investigaciones de la Ertzaintza, alargado con prórrogas de casi dos años. El ritmo de la instrucción es exasperante y afecta al derecho a la defensa.

Al presidente del EBB, Aitor Esteban, Zaldibar le venía bien para capear el escándalo de Getxo, o eso pensó él. «No hay comparación entre las dos alcaldesas. Una no está investigada, la otra sí», llegó a decir. Lo que no preveía Esteban es que el lehendakari Imanol Pradales también rubricó, como diputado de Infraestructuras de Bizkaia, el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) por el que está ahora investigada la exalcaldesa. Lo hizo, igual que ella, conforme a los criterios y recomendaciones de los técnicos.

La falta de rigor acaba volviéndose en contra de uno mismo y tomar por idiota a la gente no es una gran estrategia. Ni Pradales ni Baigorri sacaron rédito personal alguno en Zaldibar, mientras que dos de los ediles de Getxo son socios de la cooperativa que pretendía construir viviendas de lujo en el solar del palacete derribado. No hay comparación, no.

El PNV acaba de impulsar en el Parlamento de Gasteiz una ponencia para «la mejora de la calidad democrática» que es del todo incompatible con la falta de transparencia, con difamar y con no rendir cuentas. Deberían reflexionar y sacar conclusiones.

Recherche