Derechos Humanos: un país en erosión
La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece una amplia gama de derechos y libertades humanas básicas a las cuales todos los hombres y mujeres, en todas las partes del mundo, tienen derecho, sin distinción alguna. Se trata del documento más traducido, mas «universal» del mundo y su importancia radica en que fija ciertos marcos y permite ejercer acciones legales en determinados casos. Pero más importante todavía es el cambio de paradigma cultural, una convicción amplia sobre la importancia de las personas siempre y en todo lugar, con el apoyo del poder de turno o contra él si es necesario. La historia de los derechos humanos, de hecho, ha sido fruto no solo de concesiones, sino también de valiosas y a veces difíciles conquistas.
Sin embargo, en el mundo y en la Euskal Herria actual, la «universalidad» de los derechos humanos continúa siendo un aspecto formal más que una realidad. Las injusticias, las desigualdades y la discriminación son demasiado frecuentes. Los cientos de presos vascos dispersados, miles de desaparecidos en fosas, la impunidad de la tortura, el reconocimiento parcial y las trabas a las dinámicas reparadoras de convivencia de todas las víctimas dan buena prueba de ello. Pero, además, los derechos económicos y sociales indispensables para la dignidad y el libre desarrollo de las personas, el derecho al trabajo, a la protección social y a un nivel de vida adecuado que asegure la alimentación, la vivienda o los servicios sociales necesarios se erosionan a una velocidad de espanto. Como recordatorio de esa hiriente deriva, las seis personas sin hogar que han muerto solo en Bizkaia, los 800.00 kilos de alimentos rescatados cuando iban a los vertederos en Gipuzkoa o los más de 200.000 empleos destruidos en los últimos cinco años.
Los derechos humanos no son un tema para filósofos o juristas. Son esenciales en tanto que personas y deben ser exigidos y amparados en toda circunstancia y en toda su amplitud. Ese es el precio de la libertad humana, la defensa y vigilancia eterna de sus derechos.