EiTB, renovada y en clave de futuro, eje de un espacio comunicativo vasco

El apagón de ETB en Nafarroa, bajo la amenaza del Ministerio de Industria español y a raíz de una denuncia del anterior Gobierno de UPN, es inaudito en Europa en pleno siglo XXI e inaceptable en términos democráticos. Afecta a derechos muy básicos, desde la libertad de prensa hasta derechos culturales y lingüísticos. Va en contra de la voluntad política de la mayoría de la ciudadanía navarra, expresada tanto institucionalmente como socialmente. Tecnológicamente es un delirio, lo mismo que en términos de mercado (que se pueden ver canales de otras comunidades, ¡o Real Madrid TV!).

Sencillamente, es parte de la agenda segregacionista que durante décadas ha mantenido el antiguo régimen en Iruñea con el apoyo de los sucesivos gobiernos en Madrid. Es parte de una estrategia negacionista de la realidad y limitadora de las capacidades de la sociedad, que se ha construido sobre el ventajismo, la subyugación, la ignorancia y el miedo. El veto a ETB o el ataque contra las escuelas infantiles son réplicas de la caída de ese régimen. Amenazando el derecho de los niños y niñas a estudiar en euskara, que sus padres y madres puedan matricularlos en equidad de oportunidades y que las instituciones puedan gestionar la oferta, la demanda y la promoción de valores educativos positivos, UPN, PP y PSN muestran una gran debilidad política. La misma que les ha llevado a perder el poder.

Esa estrategia ha fracasado gracias al impulso social, a la imaginación, al dinamismo y a la perseverancia de la sociedad civil navarra y gracias a unas fuerzas políticas que cuando se han generado las opciones de cambio han estado a la altura. Tienen un proyecto que se plasma en el acuerdo de gobierno, también en políticas concretas y cotidianas, y tanto en la cuestión de ETB como en la del euskara pueden demostrar que su alternativa es social y políticamente potente e inclusiva, de largo recorrido. En este terreno necesitan que la indignación por estos ataques se transforme en cimiento para asentar la alternativa. Las obsesiones del anterior régimen no tienen recorrido si se acierta en la gestión institucional y política de estas farsas autoritarias.

«Euskal Telebista, aurrera!»

En principio, el protocolo de colaboración que el próximo martes firmarán la lehendakari Barkos y el lehendakari Urkullu contempla la regularización de las emisiones de ETB en Nafarroa. En todo caso, el Gobierno de Iruñea debe reflexionar sobre cómo va a apoyar el tejido comunicativo y audiovisual del herrialde, rompiendo de una vez por todas con el esquema clientelar de sus predecesores. La pluralidad, el servicio público, el fomento de un debate social crítico y de nivel, la defensa y promoción de los elementos culturales propios, como el euskara, y el principio de no tratar a sus adversarios como ellos trataron a más de la mitad de ciudadanía, es decir, el principio de gobernar para todos y todas, son algunos de los elementos que debe contemplar la política de fomento de los medios de comunicación en Nafarroa. Lógicamente, esos mismos criterios sirven para el resto de territorios.
En este sentido, es hora de que las instituciones de Gasteiz se pongan manos a la obra en la reforma de EiTB. Tal y como relata hoy Mertxe Aizpurua en un artículo sobre el Ente público, esa reforma se ha vuelto a posponer, una legislatura más. La comisión destinada a esa labor, presidida por Rodolfo Ares, solo se ha reunido para constituirse y el informe realizado por la UPV-EHU está aparcado en algún cajón del Parlamento. No hay voluntad política, pese a que todo el mundo entiende que la radiotelevisión pública debería repensarse tanto en clave de país, como de sector.

Tradicionalmente, PNV y PSE han llegado a tratos sobre el reparto de altos cargos y staff, mientras que entre las fuerzas abertzales ha habido algunos acuerdos a nivel sociolaboral y en relación al euskara. Y muy poco más. Esto con un presupuesto anual que sobrepasa los cien millones de euros y, sobre todo, con un capital humano y profesional importante, pero que no logra articular un proyecto de radiotelevisión que sea a la vez competitivo y cumpla su misión. Una misión pendiente de balance y redefinición. La presión política, la configuración de la plantilla y el clientelismo afectan a un equipo que ve claramente las taras de la anterior fase política y los retos que supone el cambio digital y cultural.

«Euskal Telebista, aurrera!» era uno de los lemas que se coreaban el día del apagón en la concentración espontánea de Iruñea. Ese grito se puede tomar en Gasteiz, Bilbo y Miramon como un aliento que anime la autoestima o como acicate para ponerse manos a la obra.

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