Ejemplo, esperanza y expectativa fundada

Es una gran noticia: por primera vez en la historia, la Asamblea Nacional francesa acoge una conferencia sobre la paz en Euskal Herria. Por el simbolismo de la sede, por el perfil de los participantes e intervinientes internacionales y, sobre todo, por concitar la adhesión de todas las tradiciones políticas de Ipar Euskal Herria compactadas en torno a un mensaje unívoco y unísono, la cita del próximo jueves en París es una primicia y un hito de gran significado. En palabras del alcalde centrista de Baiona, Jean-René Etchegaray, es un «subir a París todos juntos» para, como pueblo, «pedir claramente que París se comprometa en la resolución del conflicto». Es, en definitiva, un ejercicio político colectivo de madurez, inspirador y que muestra cómo, si se quiere, claro que se puede.

Casi cuatro años después de que la Conferencia de Aiete abriera una vía concreta, factible para la política, con una visión humanista que conjugaba reflexión autocrítica del pasado y un horizonte de futuro más profundo y reparador, el proceso de resolución de Euskal Herria sigue siendo para muchos un gran desconocido. La iniciativa de París, dinamizada por Bake Bidea y la Liga de Derechos Humanos, es una contribución significativa para romper la espiral de silencio y la invisibilidad que pretenden imponer a todos los esfuerzos de paz. Y señala que a pesar de las dificultades y preocupaciones, de la cerrazón de los Estados y del intento de convertir un contencioso político en una cuestión moral, no hay razón para la fatalidad y sí un suelo común que se sigue labrando y que dará sus frutos. Seguramente más tarde de lo que desean los ciudadanos, pero sin duda antes de lo que creen quienes están cómodos en esta pretendida «nueva normalidad».

La Conferencia de París es esperanza y expectativa fundada. Es dinámica positiva y la demostración de que en Ipar Euskal Herria se vienen dando pasos y una evolución política de primer nivel. ¡Suerte! Y que cunda el ejemplo.

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