El cambio partirá de una posición potente que hay que articular

La encuesta sobre las elecciones municipales y forales de mayo del año que viene que hoy publica GARA evidencia que el fin del régimen en Nafarroa es posible y que es valorado como positivo y necesario por una mayoría de la ciudadanía navarra. Es evidente que esa sociedad está harta y asqueada de la rapiña de su clase dirigente, de la falta de soberanía, libertades y democracia que impera actualmente en este territorio. También prevé las negras expectativas a las que se condena a una gran mayoría si se continúa como hasta ahora.

Junto con estos elementos, claves de la descomposición del régimen, en esta proyección electoral se señalan muchas de las aspiraciones de la sociedad navarra y se subraya su pluralidad. Evidentemente, de ahí también se infieren las dificultades que la gestión de esa diversidad implica. Para empezar, porque esa pluralidad no solo se refiere a las fuerzas del cambio, a la ciudadanía que ha sido menospreciada y maltratada hasta ahora, sino que debe tener en cuenta a quienes han sostenido hasta ahora al régimen y tras su absoluta degeneración se han convencido de su inviabilidad, pero también a quienes lo quieren mantener, que siguen siendo una parte importante de la sociedad navarra. Una de las claves de ese cambio debe ser precisamente una nueva forma de entender la ciudadanía, en clave de derechos, de respeto y de igualdad. Algo tan simple y a la vez tan complejo como cultivar una verdadera cultura democrática.

Para leer correctamente esta encuesta hay que abstraerse un poco del ambiente de euforia o suspicacia que impera tras la renuncia de Yolanda Barcina y los datos del Navarrómetro. Porque si se mira un poco más atrás, si se recupera la perspectiva de hace apenas un año, se será consciente de lo difícil que era llegar hasta aquí con estas expectativas, con estas opciones abiertas, con esta ilusión.

Hace poco tiempo era impensable que la suma de todo el establishment tradicional navarro no fuese a ser suficiente para mantener el statu quo. Según creció la conciencia de que no se podía contar con el PSN para terminar con el latifundismo político y social de UPN, la dificultad del cambio creció exponencialmente en términos matemáticos, pero también creció en términos de realidad, de viabilidad y de profundidad democrática. Un repaso a los resultados históricos de las diferentes elecciones en Nafarroa muestra que, pese a que algunos den lo sucedido por normal, se trata de una auténtica proeza, cuyos méritos son de quienes han combatido en la calle y en las instituciones durante todos estos años esa visión totalitaria y empobrecedora de la realidad navarra, y cuyos deméritos son de esa casta que ha mostrado su cara más avariciosa y cruel ante propios y extraños.

Aunque sea como cálculo, menospreciar esta hazaña no ayuda en nada a entender mejor la realidad navarra y, en consecuencia, tampoco a cambiarla. Falta mucho para mayo y las encuestas marcan tendencias. También segmentan y establecen tareas. Entenderlas como resultados es condenarlas como instrumentos.


La estrategia del miedo frente a la de la ilusión

La encuesta demuestra también que UPN ve su futuro tan negro que ha decidido ahondar en la estrategia del miedo. Es la única explicación posible a la publicación del Navarrómetro: querer activar a las propias fuerzas a través de la amenaza de un escenario cuasi-revolucionario. Y en cierta medida tienen razón. No robar, no beneficiar a los amigos, no utilizar lo público para financiar lo privado, no menospreciar la cultura, no falsear las cuentas, no reprimir al diferente, no gastar en lo que no es necesario en vez de hacerlo en lo vital, no castigar al pobre y beneficiar al rico, no negar la realidad… ya sería un cambio revolucionario en Nafarroa.

Frente al miedo, los partidarios del cambio deben sembrar confianza –empezando por la confianza mutua–, credibilidad, profesionalidad, compromiso e ilusión.


Un posicionamiento y un marco muy potentes

La descomposición del régimen, sus escándalos, sus maniobras y sus amenazas son la palanca para forzar el cambio, pero lo realmente importante es articular una propuesta común –que no unívoca–, consensuada –que no necesariamente concretada en algún tipo de pacto–, transparente –sí, transparente– y sobre todo ilusionante para ese cambio. Porque si bien lo negativo puede facilitar que ese cambio se haga efectivo, que suceda, lo positivo será lo que permita que ese cambio se establezca, se desarrolle y aúne cada vez más voluntades, más fuerza.

Quienes lean la encuesta y consideren sus datos veraces y positivos, deberían inmediatamente acudir a leer la propuesta que esta misma semana presentaba EH Bildu por boca de su líder, Adolfo Araiz. De hecho, es más que probable que las fuerzas, las instituciones y las agencias que consideran Nafarroa cuestión de Estado y quieren mantener el régimen al precio que sea, ya lo hayan hecho. “Nafarroak erabaki-Un nuevo tiempo para Navarra” contiene mucho más que la propuesta de la izquierda abertzale y soberanista para Nafarroa. Contiene un marco y un procedimiento para desarrollar un profundo cambio político en el herrialde, un modelo de frente democrático innovador, con liderazgos compartidos, con una agenda realista para el cambio, con una estrategia a corto y a medio plazo, abierta a aportaciones pero eficaz, que toca casi todas la materias y áreas estratégicas para Nafarroa. Como toda propuesta de debate honesta, no establece resultados, sino objetivos comunes y procedimientos abiertos para acordar los pasos a dar de aquí a mayo y en adelante. Lógicamente, también establece preferencias y objetivos particulares, legítimos y democráticos. Pero sobre todo bosqueja ese proceso de cambio, le da un sentido abierto y marca un posicionamiento muy potente.

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