El interés de los sirios, ¿quién lo representa?
Medios de comunicación y agencias destacaron ayer el duro cruce de acusaciones que protagonizaron los representantes del Gobierno sirio y de la oposición al inicio de la conferencia de paz que se celebra en Montreux, pese a que nada distinto podía esperarse del primer encuentro público que mantienen ambos bandos. Habría sido ingenuo pensar que ante las cámaras y con decenas de miles de muertos en sus balances alguna de las partes hubiera mantenido un tono conciliador.
Sí cabe suponer que el enorme esfuerzo diplomático destinado a organizar Ginebra II no tenga como única misión asistir a los reproches entre el ministro sirio de Exteriores y el presidente de la Coalición Nacional, y ahí es donde entran en juego los padrinos de ambas partes y muñidores de la cita. Estados Unidos y Rusia han invertido tiempo y recursos para lograr esta fotografía, no habrá ningún acuerdo sin la aquiescencia de ambos y entra dentro de la lógica suponer que fuera de cámara intentarán atar algún compromiso que salve su cara y sus intereses. Luego ya se encargarán de que sea aceptada sobre el terreno. Sin embargo, la distancia que los separa parece casi tan grande como la que divide a los contendientes, y además no son ellos los únicos actores en un conflicto enconado en el que las tornas tampoco son las que eran hace unos meses.
A orillas del lago Léman se han reunido las principales potencias mundiales y regionales –solo falta Irán que, en cualquier caso, está sin estar–, cada una con su hoja de ruta y con determinación para implementarla, de modo que si de la ciudad-balneario suiza sale algún acuerdo, este será mínimo y más táctico que resolutivo. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo a los asistentes que todos los sirios tienen los ojos puestos en ellos, pero el problema es que nadie allí presente defiende los intereses del pueblo sirio, sino los suyos propios, y no tienen nada que ver estos con aquellos.