El miedo y la amenaza como política migratoria

La vergonzosa gestión que la UE está luciendo con la llegada de migrantes y exiliados llegará a su culmen a partir de hoy, cuando están previstas las primeras deportaciones masivas de personas sin papeles y sin refugio de Grecia a Turquía, un Estado que la ONU sigue sin considerar país seguro y que según denunció Amnistía Internacional esta misma semana, expulsa a familias sirias enteras tan pronto como pisan territorio turco huyendo de la guerra. Es decir, sin dejarles tiempo siquiera para solicitar asilo. Lo que se conoce como «devoluciones en caliente», como bien saben en Ceuta y Melilla.

Las imágenes de las deportaciones probablemente den la vuelta al continente, para vergüenza de nosotros, los europeos, pero también como aviso a los futuros migrantes. No olvidemos que es precisamente esa la perversa lógica que se esconde tras altisonantes decisiones como las de Dinamarca, que anunció a bombo y platillo que confiscaría los bienes de los refugiados. Lejos de objetivos recaudatorios, lo que se busca es la disuasión. El mensaje es claro: «no vengáis». Pero siguen viniendo y, de hecho, lo seguirán haciendo mientras la guerra o el hambre los sigan empujando a ello. Porque igual de lícita es una razón como la otra. Si se cierra una vía, se abre otra; si se cierra una puerta, se abre una ventana. Siempre ha sido así: aunque Grecia sigue siendo en la actualidad la principal puerta de entrada a la UE (26.623 personas en marzo, según Acnur), las llegadas a Italia se triplicaron en el último mes (9.683).
 
Con todo, la respuesta europea sigue siendo la amenaza. Ayer llegó de la mano del Gobierno alemán, que no es ni mucho menos el más intransigente. Su ministro de Interior, Thomas de Maizière, abogó por buscar con los países magrebíes acuerdos similares al alcanzado con Turquía para deportar masivamente a migrantes. No vale echarse las manos a la cabeza cuando hace años que un acuerdo parecido funciona entre Marruecos y el Estado español. Quizá es tarde para reaccionar, pero sigue siendo igual de urgente.

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