El poco novedoso hurto de información y debate

El pasado lunes tuvo lugar en el barrio donostiarra de Amara Zaharra una asamblea abierta a los vecinos para crear una iniciativa ciudadana cuyo cometido será pedir la paralización del proyecto de metro de Donostialdea y la apertura de un debate social sobre esa infraestructura, calificada en su día de «faraónica» por la consejera de Medio Ambiente de Lakua. Ayer, en el centro Koldo Mitxelena, tuvo lugar la conferencia “Estudio de la pasante del Metro de Donostialdea y estrategias alternativas”, también organizada por colectivos y vecinos de la capital guipuzcoana. No es novedoso, y menos en torno a las infraestructuras de este país, el hecho de que la información y el debate sobre un proyecto sean reivindicación y labor de la cuidadanía para cuyo bienestar se supone que se abordan esos proyectos. No es novedoso y ocurre porque las instituciones que deberían aportar esa información y facilitar el debate actúan con secretismo y no están dispuestas ni siquiera a contrastar otras propuestas. 

       
La ecesidad de crear nuevas infraestructuras no se justifica echando mano de un comodín como suele ser la palabra «progreso», sino demostrando que efectivamente contribuirán al progreso en términos de viabilidad y rentabilidad social, medioambiental y económica, que en el caso del proyecto de metro de Donostialdea no parecen haber sido objeto de estudio. En la conferencia de ayer, el arquitecto y experto en Urbanismo Ander Gortazar se refirió a varios aspectos que pueden ser discutibles y deberían ser discutidos, como su propuesta de mejorar las infraestructuras existentes en Donostialdea integrando las líneas de autobús y de topo en una única red articulada por cinco puntos de transbordo, evitando al mismo tiempo la competencia entre compañías públicas de transporte.

Quizá no sea la propuesta más idónea para mejorar el transporte público en Donostialdea. O quizá, sí. Tal vez el proyecto «faraónico» de Lakua es el mejor posible. Tal vez, no. Ninguno de los dos debería ser indiscutible, pero uno lo es por decisión de las instituciones que lo defienden.

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