Garaikoetxea, un legado abertzale vivo y transversal
Carlos Garaikoetxea, primer lehendakari tras la dictadura, falleció ayer a los 87 años. Deja como legado una vida dedicada a Euskal Herria, una biografía política apasionante y un compromiso con tres principios que resisten el vaivén de los tiempos: autodeterminación, vías políticas, derechos humanos. Las amarguras que cosechó no nublaron una visión clara y abertzale sobre el país.
El primer Gobierno de Lakua, tras la aprobación del Estatuto de Gernika, fue el responsable de poner en marcha instituciones como el Concierto Económico, Osakidetza, EiTB y la Ertzaintza. Hitos importantes que, en términos generales, presentan un notorio desgaste –siendo generosos– medio siglo después. De hecho, el propio Garaikoetxea dio por agotado el Estatuto en un ya lejano 2010. La ruptura con la dirección del PNV le llevó en 1986 a crear Eusko Alkartasuna, una formación abertzale y socialdemócrata que, primero en Lizarra-Garazi y luego a partir de 2009, fue crucial tanto en la búsqueda de escenarios políticos sin violencia como en la unidad del soberanismo progresista. Muy crítico con ETA, Garaikoetxea prefirió no mirar hacia otro lado ante la tortura sistemática y la constante vulneración de derechos a militantes vascas por parte del Estado español. En los últimos años, de hecho, mostró su compromiso con la solución de las consecuencias del conflicto y, en particular, con la situación de las personas presas, participando en varios actos de Sare.
Pese a su oposición a la violencia, Garaikoetxea fue clarividente con la trampa que presentaba todas las opciones políticas como viables en un contexto sin actividad armada. Sin un camino legal para hacer efectivas mayorías democráticas a favor de la independencia, todo era poco más que retórica. Lo denunció a primera hora y lo constató en el proceso soberanista catalán, durante el cual le dolió el papel de Lakua. La exclusión de Nafarroa –donde nació– del Estatuto de Gernika fue una de sus primeras frustraciones. La partición del país siempre le preocupó. Sin embargo, se va con dos abertzales al frente de la alcaldía de Iruñea y de la Mancomunidad de Ipar Euskal Herria, dejando un legado vivo, diverso y transversal.